viernes 14/5/21

Universitarios sevillanos participan en un rally solidario en Marruecos

20210415_125038
Rally en Marruecos
Este era el sueño de Jaime Ferraro y Alfonso Sánchez-Arjona desde hace tres años. Hacerse con un coche de más de 20 años, cargarlo con material para donar y cruzar el desierto de Marruecos para llegar a aldeas necesitadas. En eso consiste Uniraid, un rally destinado a jóvenes estudiantes como ellos. Lo hablaron poco después de conocerse en Tomares durante un evento benéfico de Andex en el que participaban como camareros voluntarios. Al momento descubrieron sus aficiones comunes: el motor, la aventura y la solidaridad.
 
«Nos llama sobre todo el carácter solidario de este rally», explica a Sevilla Solidaria Jaime, que estudia Publicidad y Relaciones Públicas en Eusa. Un requisito para participar es llevar al menos 40 kilos de material solidario para entregar a niños de las aldeas por las que pasarán, como productos de higiene, juguetes, ropa o utensilios escolares. Ellos quieren al menos entregar 100 kilos. Para conseguirlo, ya están contactando con empresas y moviendo su idea por Instagram. «Nos ha sorprendido la repercusión que ha tenido el vídeo donde explicamos todo», cuenta a su vez Alfonso, «el apoyo está siendo muy bueno, los amigos lo están compartiendo y todas las empresas con las que estamos contactando quieren ayudar de una manera u otra».
 
Lo primero es conseguir un coche. Tenían uno con el que querían hacer el rally pero gripó el motor justo el año pasado. Ahora buscan sponsor para el coche y hacer frente a la inscripción. Saldrán el próximo 9 de octubre de Tánger y el 17 llegarán a Marrakech después de 800 kilómetros y cinco noches durmiendo en el desierto. Son en total seis etapas que deberán superar solo con un roadbook, un mapa y una brújula, nada de GPS ni dispositivos electrónicos. Lo que más teme Jaime es el calor dentro del coche y las noches en el desierto. Lo más emocionante es que durante dos etapas coincidirán con el Rally de Marruecos que se disputa en la misma fecha.
 
Pero, después de una aventura así, todos los antiguos participantes que han podido conocer se quedan con una imagen: la sonrisa de los niños que ayudaron en las aldeas. «Es una prueba dura, creo que nadie disfruta siete horas seguidas conduciendo en esas condiciones», asegura Jaime, «pero se acerca a pueblos perdidos, a los que no llega nadie, y de los más necesitados de África, y si en España hay familias que lo pasan mal, en lugares como estos es mucho peor ».
 
Jaime ha ayudado estos años en un comedor social, también a la ONG Cooperación Internacional o en la mayoría de aquellas acciones puntuales que llegan a sus oídos. La última en la que coincidieron estos dos amigos fue el día mundial contra el cáncer infantil en la puerta del Hospital Virgen del Rocío, inflando globos para que los vieron los pequeños ingresados. «Me gustaría llegar a mayor, echar la vista atrás y estar contento con lo que hice y lo que viví», reflexiona Alfonso. Ahora con 22 años es su momento de experimentar la aventura solidaria que siempre quiso y le pedirán contar en el futuro.

Comentarios