domingo 25/7/21

El verano, un periodo sensible para los TCA pero clave para detectarlos

Comida de trabajo. Imagen: EOI
Comida de trabajo. Imagen: EOI

Con motivo del 10º aniversario de RECURRA-GINSO, un programa que ofrece apoyo a las familias en situación de conflicto con sus hijos e hijas adolescentes, y en el marco de su campaña Una mente sana empieza en la infancia, sus expertos han reflexionado acerca de los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA), y opinan que el verano influye significativamente en los jóvenes que padecen esta enfermedad, ya que puede suponer un momento de recaída o agravamiento. Sin embargo, consideran que el periodo vacacional también puede ser un buen momento para que los padres presten especial atención a la conducta de sus hijos y así detectar el problema lo antes posible.

“Para las personas que sufren un TCA, la época del verano resulta una de las más complejas a las que enfrentarse, ya que se ha comprobado que los meses anteriores se tiende a anticipar emociones y consecuencias desagradables de cómo pueden transcurrir estas fechas si no se alcanzan los objetivos establecidos, llegando incluso a influir en la medida en la que aceptan su cuerpo”, comenta Marina Viejo, psicóloga del Centro Terapéutico RECURRA-GINSO. Según la profesional, es durante esta estación, cuando “alcanzar el cuerpo perfecto” se convierte en una de las mayores preocupaciones de las personas y en especial, de los adolescentes. “Además, durante este tiempo vamos a la piscina o a la playa tendiendo a una mayor exposición de nuestros cuerpos, y son estos los contextos que para una persona que está insatisfecha con el suyo propio pueden resultar sumamente complicados”, explica Viejo.

No obstante, el verano puede ser una oportunidad para que los padres presten más atención a la conducta de sus hijos para así detectar cambios en su rutina y dieta, una preocupación excesiva por la imagen, ejercicio físico compulsivo, o la evitación de evento familiares o sociales, que son algunas de las señales de alerta que nos pueden ayudar a una detección temprana y, por ende, a un mejor pronóstico de recuperación. “La pérdida o ganancia de peso en poco tiempo, el miedo intenso a engordar o un bajo estado de ánimo son otros signos a tener en cuenta”, explica Viejo.

Según los expertos en salud infanto-juvenil de RECURRA-GINSO, la adolescencia es una etapa vital para el desarrollo de una buena autoestima, en la que suele darse una excesiva importancia a la imagen, generando una mayor vulnerabilidad a los cánones de belleza mayormente aceptados por la sociedad. Por ello, el papel de los padres y los miembros de la familia es fundamental. “Transmitir la importancia de una alimentación equilibrada y de no basar su autoestima en su aspecto físico pueden ser factores protectores para no sufrir trastornos alimentarios”, recalca Viejo.

“Las redes sociales también son otro factor determinante a tener en cuenta, ya que se suele lanzar el mensaje de que la felicidad y el éxito dependen de la apariencia física, hechos que, en edades vulnerables puede dar lugar a una grave distorsión en su autoconcepto y su autovaloración”, explica Viejo. En este sentido, los padres y los profesionales deben ofrecer herramientas informativas de la influencia de las redes sociales y de los riesgos que conllevan.

Los factores de riesgo que favorecen el desarrollo de este tipo de trastornos, pueden ser individuales, familiares o sociales, y nunca un único factor suele ser la causa de un trastorno alimentario. Sin embargo, los profesionales del programa consideran que es responsabilidad de los padres fomentar un ambiente seguro donde los adolescentes se sientan apoyados. “Un ambiente familiar disfuncional o sobreprotector, preocupación excesiva por el peso y la figura corporal, la falta de expresión afectiva y de comunicación, las altas expectativas y un alto grado de exigencia, son algunos factores que, a nivel familiar, pueden favorecer el desarrollo de un TCA”, explica Viejo.

Según el programa, la recomendación es crear un clima de confianza que propicie poder mantener una conversación con la persona sin juicios ni acusaciones y a posteriori, acudir a un profesional. “En ocasiones, se pueden mostrar resistencias o encontrar una negativa, por ello es importante ofrecer diferentes opciones y hacerle comprender que la situación que está atravesando les preocupa”, cuenta Viejo. También aconsejan no interrumpir el tratamiento durante el verano. “Es recomendable que se continúe interviniendo bajo otra metodología como el formato online debido a que el abandono durante largos períodos de tiempo puede derivar en un agravamiento de la psicopatología”. No obstante, si el tratamiento estuviese en una fase avanzada, puede ser una ocasión favorable para poner en práctica las estrategias adquiridas.

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