martes. 21.05.2024

Un estudio piloto de la Universidad CEU San Pablo y Fundación MAPFRE, realizado a 175 menores en situación de vulnerabilidad social de España ubicados en áreas metropolitanas, revela que el porcentaje de niños con obesidad se duplica en los hogares con menos ingresos (23,7%), en comparación con los que tienen más ingresos (10,5%).

La dificultad de acceder a alimentos hace que las carencias nutricionales se comiencen a observar a edades cada vez más tempranas, también en los países desarrollados, con un incremento de formas de malnutrición como el sobrepeso o la obesidad.

Asimismo, el estudio muestra un consumo excesivo de grasas y alimentos ultraprocesados entre los encuestados, así como un aporte insuficiente en la dieta de muchas vitaminas y minerales, esenciales durante la etapa de crecimiento.

En concreto, el 75 por ciento de los niños y los adolescentes en situación de vulnerabilidad social encuestados afirma sufrir algún tipo de inseguridad alimentaria, es decir, encuentra dificultades para acceder a alimentos nutricionalmente adecuados para su crecimiento, salud y bienestar.

En palabras de la presidenta de la Fundación Española de la Nutrición (FEN), Rosaura Leis, "la alimentación en los primeros 1.000 días de vida y durante la infancia y adolescencia es fundamental para la prevención de enfermedades y la promoción de la salud a corto, medio y largo plazo".

"Una de las estrategias prioritarias para luchar contra este "hambre oculta" podría ser la promoción del consumo de nuestra dieta y gastronomía tradicional, ya desde la infancia. Para ello, la escuela y la familia, especialmente los cuidadores "abuelos", deben jugar un papel fundamental", apunta Leis.

FALTA DE CALCIO Y CONSUMO EXCESIVO DE ULTRAPROCESADOS 

Según este estudio preliminar, ninguno de los niños y adolescentes analizados sigue un patrón de dieta saludable: el 70 por ciento lleva una dieta que necesita cambios significativos y el 30 por ciento restante una poco saludable.

En este sentido, la mitad no consume fruta a diario, una cifra que asciende al 71 por ciento en el caso de las verduras; sólo el 57 por ciento consume aceite de oliva en casa como principal grasa culinaria, clave en la dieta mediterránea; el 63 por ciento no toma diariamente más de dos raciones de lácteos; y el 51 por ciento ni siquiera consume una.

Tampoco se cumple la ingesta recomendada de pescado y productos del mar, con un 90 por ciento de encuestados que no lo incluyen en su menú a diario. Además, el consumo de hidratos de carbono y de grasa se encuentra por encima de lo estipulado y las ingestas de vitaminas B5, B8, B9, D y E, así como de calcio, magnesio, hierro, yodo y zinc, presentan insuficiencias.

Respecto a hábitos menos saludables, destaca que el 33 por ciento acude a restaurantes de comida rápida una o más de una vez a la semana y el 25 por ciento consume dulces o golosinas varias veces al día.

En cuanto a la ingesta de aperitivos y snacks salados, se observa que más de la mitad de la población analizada se encuentra por encima de las recomendaciones: el 35 por ciento consume estos productos con una frecuencia de 1 o 2 veces a la semana; el 21 por ciento, 3 o más veces a la semana, y el 13 por ciento, diariamente.

3 DE CADA 10 NIÑOS PRESENTAN INSEGURIDAD ALIMENTARIA 

Dentro del total de la muestra, el 29 por ciento presenta una situación de inseguridad alimentaria severa. Si se analiza de manera específica la población que presenta algún tipo de inseguridad alimentaria, 1 de cada 4 (27%) reconoce que se ha ido alguna vez a dormir con hambre por falta de comida.

Asimismo, más de la mitad (54%) de estos niños y adolescentes en situación de vulnerabilidad y con inseguridad alimentaria ha estado preocupado por la falta de algunos alimentos en su hogar en el último mes.

Concretamente, el 47 por ciento afirma que, tanto ellos mismos como alguno de los miembros del hogar tuvieron que comer alimentos que realmente no querían, por falta de recursos. Incluso, el 23 por ciento ha indicado que tuvo que hacer menos comidas en un día porque no había suficiente comida, y el 11 por ciento ha asegurado que pasó un día y una noche enteros sin comer nada porque no había bastantes alimentos.

A este respecto, el director del Instituto Universitario CEU Alimentación y Sociedad (IUAyS-CEU) de la Universidad CEU San Pablo, Gregorio Varela Moreiras, declara que la inseguridad alimentaria abarca no sólo la falta de recursos económicos para obtener alimentos nutricionalmente adecuados, sino también la incapacidad de acceder a los mismos por no saber cuáles son aquellos con mayor calidad nutricional.

"La calidad de la dieta de los niños y adolescentes que han participado necesita cambios urgentes, debido a que se constata el consumo frecuente de alimentos de baja o moderada calidad nutricional, desplazando así el consumo de verduras y hortalizas, frutas, pescado y productos del mar, entre otros, cuya calidad nutricional es alta, siendo esenciales para nuestro organismo", explica Varela.

POCA ADHERENCIA A LA DIETA MEDITERRÁNEA 

Aunque la dieta mediterránea es uno de los modelos dietéticos más recomendados en la actualidad, tan solo el 15 por ciento del total de la población infanto-juvenil analizada presenta una adherencia alta a este modelo, presentando un 57 por ciento de ellos una adherencia media y un 28 por ciento una adherencia baja.

Entre los factores que se relacionan con una baja adherencia a la dieta mediterránea en la infancia y adolescencia, se encuentran los individuales (preferencias y aversiones, desconocimiento sobre nutrición o biológicos); los factores colectivos (económicos y sociales); el sedentarismo (videojuegos y televisión); o una baja tasa de actividad física deportiva.

A esto se suma que el consumo de alimentos mediterráneos, como la verdura, la fruta o el pescado, ha quedado desplazado por la ingesta excesiva de alimentos como carnes rojas, embutidos, productos azucarados o precocinados, o aperitivos salados.

"Es importante tener en cuenta las graves repercusiones sociales que implica no tener asegurado el derecho a una alimentación saludable y equilibrada. Unas repercusiones que son inmediatas en los grupos de población más frágiles, como es el caso de bebés, niñas, niños y adolescentes, y de madres embarazadas y lactantes", detalla la responsable del programa Infancia, adolescencia y familia, y miembro del equipo de inclusión y del área de acción social de CÁRITAS España, Carmen García Cuestas.

"Si una alimentación saludable es necesaria para toda la población, en estas etapas un déficit alimenticio puede condicionar el crecimiento, no solo físico también cognitivo y psicológico. Por ello, hay que apostar por mensajes que promuevan mejores prácticas y una protección social que brinde a las personas con menores recursos el acceso a alimentos nutritivos y les proteja del aumento de los precios", añade Cuestas.

Como resultado, desde el CEU San Pablo y la Fumdación MAPFRE apostillan que de "este estudio piloto no representativo, se deriva claramente la necesidad de más trabajos de investigación dirigidos a grupos vulnerables, una vez hemos conocido el alcance de la inseguridad alimentaria en la muestra de población analizada".

"Las encuestas y los análisis realizados a partir de este trabajo nos proporcionan inicialmente una valiosa información para establecer nuevas hipótesis que sirvan como guía para desarrollar nuevos planes", concluyen ambas organizaciones.

El porcentaje de niños con obesidad es mayor en hogares con menos ingresos