domingo. 14.07.2024
El futuro del proyecto europeo de adopción de un etiquetado en la parte frontal de los envases es cada vez más incierto. Con los primeros análisis sobre los resultados de las elecciones europeas, aún es pronto para aventurarse sobre los cambios que traerá el próximo Parlamento, sobre todo hasta que no se determine si Ursula von der Leyen continuará dirigiendo la Comisión Europea durante un segundo mandato o si alguien más ocupará su lugar. Solo entonces, ya con un tablero definido, se comenzarán a aclarar las dudas con respecto al futuro de ciertas políticas europeas que han quedado estancadas, como es el caso de la propuesta de etiquetado nutricional. Un asunto que muchos esperan quede en el fondo del cajón, considerando la gran polémica que ha generado.

Lo que en un comienzo partió de un objetivo válido acabó siendo un complicado rompecabezas que aún hoy divide a los países miembros. Ayudar a los consumidores a elegir alimentos saludables terminó siendo un gran desafío para los responsables de las políticas públicas.

En lugar de unir a los mercados europeos, el ideal de establecer un etiquetado armonizado a lo largo de la UE acabó generando importantes fracturas en el bloque. Detrás de esta fragmentación se encuentra un simple modelo que, con sus letras y colores, comenzó seduciendo a algunos y acabó espantando a otros tantos. Se trata del sistema de semáforo nutricional Nutri-Score, cuyas calificaciones de productos alimenticios han despertado el enojo de productores locales en los mercados comunitarios. Si en un principio la Comisión se dejó tentar por la simpleza del Nutri-Score, pronto quedó claro que la infantilización del consumidor y el enfoque reduccionista que propone este modelo a un asunto tan complejo como la nutrición no podían ser el camino a seguir.

Un ejemplo de la polarización que genera este etiquetado es lo ocurrido recientemente en Portugal. Días antes de que acabara su mandato, el gobierno saliente de Portugal publicó una orden que tomó a la mayoría por sorpresa. La ordenanza establecía la adopción del sistema Nutri-Score como modelo de etiquetado en la parte frontal de los envases, una decisión que iba en contra de la postura que el país había adoptado hasta entonces, de aguardar a que la Comisión tomara una decisión sobre el etiquetado.

Sin embargo, lo más sorprendente fue que la ordenanza se publicó sin consulta previa a la Dirección General de Alimentación y Veterinaria (DGAV), la autoridad competente que establece la normativa alimentaria en Portugal. Además, años antes, un estudio llevado a cabo por el Instituto Nacional de Saúde Doutor Ricardo Jorge (INSA) determinó que los productos mejor clasificados por el Nutri-Score no cumplían con los valores nutricionales y límites de azúcar y sal establecidos bajo la Estrategia Integrada para la Promoción de una Alimentación Saludable (EIPAS). Es decir, el algoritmo otorga notas que no son consistentes con las recomendaciones dietéticas nacionales.

Sin tratar de disfrazar sus intereses, grandes empresas del sector alimentario como Danone y Nestlé desplegaron una importante campaña de apoyo al Nutri-Score en Portugal. Con una página de Facebook incluida, campañas en medios de comunicación locales y materiales creativos creados para la ocasión, esta alianza en defensa del Nutri-Score recibió el apoyo de la organización local de protección a los consumidores.

Lo que llama poderosamente la atención es que se trata de una iniciativa respaldada por los intereses de los grandes pesos de la industria alimentaria. Todo comienza a explicarse al observar las calificaciones que obtienen los productos de las marcas citadas.

Curiosamente, quienes también tienen un papel muy activo en la promoción del modelo son aquellos que han participado en su desarrollo. Estos mismos se vieron obligados a reconocer que el modelo permitía mejorar la imagen de productos con menor calidad nutricional, como los cereales para niños azucarados de Nestlé, al otorgarles una buena nota Nutri-Score.

“Una laguna del sistema”, aseguraron en su momento los portavoces del Nutri-Score, obviando el hecho de que no se trataba de un caso aislado, sino de una regla. Tal es así que años después de que comenzaran a revelarse estas “lagunas”, los desarrolladores del modelo nacido en Francia debieron dar el brazo a torcer y proponer un nuevo algoritmo de calificaciones. La respuesta al anuncio fue contundente: si el modelo debe ser actualizado constantemente, es porque no cuenta con una evidencia científica sólida. Los investigadores fueron aún más lejos, y expertos como el Dr. Stephan Peters y el Profesor Dr. Hans Verhagen revelaron que gran parte de la bibliografía a favor del Nutri-Score corresponde a estudios en los que participaron especialistas directamente relacionados con los desarrolladores del sistema, lo que evidencia un claro sesgo en la evidencia científica a favor del etiquetado en cuestión.

Mientras los desarrolladores del sistema festejaban al creer haber ganado acceso a un nuevo mercado, el nuevo gobierno de Portugal dio un paso en la buena dirección y decidió revocar la ordenanza de sus predecesores. La emoción de los promotores del Nutri-Score duró poco, ya que desde el Ministerio de Agricultura y Pesca calificaron la adopción prematura del modelo como “ilegal”. Una victoria para los consumidores y para aquellos que buscan la transparencia en la industria alimentaria.

Marcha atrás para el Nutri-Score en Europa