sábado 04.04.2020

Hábitos saludables y té verde, claves para prevenir la demencia

Imagen: solucionesespeciales.net
Imagen: solucionesespeciales.net

Un ensayo evaluará la acción preventiva de la práctica de ejercicio, la dieta mediterránea, el entrenamiento cognitivo y un preparado de epi­galocatequina galato.

Investigadores de la Fundació Maragall y el IMIM emprenderán un ensayo piloto para comprobar la posibilidad de prevenir la demencia en personas con riesgo de desarrollarla de aquí a 15 años, a partir de la práctica semanal de ejercicio físico, la adopción de una dieta mediterránea, el entrenamiento cognitivo y la acción de un preparado de epi­galocatequina galato (EGCG), un componente del té verde.

La iniciativa, que parrte del Barcelona Beta Brain Research Center, el centro de investigación de la Fundació Pasqual Maragall y el Instituto de Investigaciones Médicas del hospital del Mar, el IMIM, se ha convertido en una de las grandes apuestas de la Alzheimer’s Association de Estados Unidos, que aportará un millón de dólares. También cuentan con el apoyo del Instituto Carlos III.

El proyecto Pensa es un ensayo sin medicamentos que sigue la línea de recientes estudios que han podido probar cómo los cambios de estilos de vida tienen efecto sobre el deterioro cognitivo. La incorporación al estudio del componente del té verde tiene que ver con los resultados obtenidos por Rafael de la Torre entre personas con sín­drome de Down y de X frágil. “Los resultados indican que este componente mejora la capacidad de conectar neuronas, mejora la plasticidad sináptica”, explica De la Torre.

El ensayo será una prueba piloto de un estudio posterior en más países. Para llevarlo a cabo, necesitan a 200 personas que se hayan visto a sí mismas con problemas de memoria. “No un ‘nunca sé donde tengo las llaves’, sino más bien ‘repito las preguntas sin darme cuenta’ o ‘vuelvo a contar lo mismo al día siguiente a la misma persona’. Un problema de memoria que te invita a ir al médico”, aclara Molinuevo. Declive cognitivo subjetivo.

Entre estos preocupados seriamente por su memoria han de identificar quiénes son portadores del gen ApoE4, que les identifica como con mayor riesgo de desarrollar una demencia. Esos serán los participantes. Y además, han de ser personas que se comprometan claramente con un estudio que les va a exigir actividades toda la semana durante un año.

El plan será personalizado para cada voluntario, de manera que recibirá su agenda de actividad física semanal en el gimnasio Claror junto al hospital del Mar, que también colabora con el ensayo. Tendrán que comer estrictamente dieta mediterránea y les darán facilidades en los precios de algunos productos en Caprabo, también colaborador. Y tendrán que seguir los entrenamientos cognitivos a través de una plataforma varias veces a la semana. Así como tomar el preparado de té verde, que sabe a chocolate.

Al cumplir el año, volverán a hacerles pruebas, estudiarán su estado cerebral y cognitivo y suspen­derán todos los planes. Al cabo de tres o cuatro meses volverán a revisarles: “Queremos saber si los cambios de estilo de vida son sostenibles en el tiempo”, señala Rafael de la Torre. “Notarán la mejoría. Contamos con evidencias de que incluso en fases preclínicas de la demencia, esos cambios de hábitos producen mejoras. Tener bajo control la hipertensión, por ejemplo, sabemos que retrasa el deterioro cognitivo leve”, señala José Luis Molinuevo.

Los neurólogos que lideran la investigación decidieron reunir todo el paquete de medidas que podían sumarse en una prueba no farmacológica para aprovechar el gran esfuerzo organizativo que supone la selección de voluntarios y la aplicación estricta de dieta, entrenamiento cognitivo, ejercicio físico y toma de preparado. “No es ninguna tontería. Es prevención efectiva”.

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