sábado 16/10/21

La presencia de anticuerpos de enfermedades antoinmunes pueden explicar la verdadera gravedad del Covid-19

Los casos moderados y graves mostraron los mayores niveles de autoanticuerpos, mientras que el suero de la sangre de personas sanas y con cuadros leves registró niveles considerablemente más bajos
Pandemia de Covid-19
Pandemia de Covid-19

Un grupo internacional de investigadores halló en el suero sanguíneo de pacientes infectados con el SARS-CoV-2 un conjunto de moléculas normalmente presentes en enfermedades autoinmunes que pueden apuntar la severidad de los cuadros de COVID-19. Este estudio salió publicado en la plataforma medRxiv, en un artículo que aún no ha sido revisado por pares. En el futuro, estos resultados podrán servir de base para el diseño del tratamiento de los casos graves de la enfermedad, o incluso para evitar a evolución del cuadro clínico.

“Diversos trabajos han mostrado que esas moléculas que promueven enfermedades autoinmunes sistémicas conocidas como autoanticuerpos también aparecen en el COVID-19. Nosotros encontramos a aquellos asociados con personas sanas y otros cuyos niveles aumentan con la gravedad del cuadro clínico del COVID-19. Fue posible detectar autoanticuerpos contra dos moléculas con niveles aumentados días antes de que el paciente requiera de oxígeno, por ejemplo, así que esperamos poder prevenir el agravamiento de los casos”, explica Otávio Cabral Marques, investigador del Instituto de Ciencias Biomédicas de la Universidad de São Paulo (ICB-USP) y primer autor del artículo.

Cabral Marques coordina un proyecto financiado por la FAPESP que apunta a entender de qué manera responde el sistema inmunitario ante el COVID-19. Este trabajo está firmado por investigadores de Brasil, Alemania, Estados Unidos y Israel.

El grupo analizó el suero sanguíneo de 246 voluntarios reclutados en comunidades judías de seis estados de Estados Unidos a quienes no se les había aplicado ninguna vacuna. De ellos, 169 tuvieron resultado positivo para COVID-19 en test de RT-PCR, mientras que los otros 77 testearon negativo y no exhibieron síntomas. El grupo de infectados quedó subdividido entre cuadros leves, moderados y severos.

Herramientas computacionales mostraron una asociación entre anticuerpos y moléculas del sistema renina-angiotensina que, entre otras funciones, produce la proteína ACE2 (enzima convertidora de angiotensina 2, por sus siglas en inglés), a la cual el virus se conecta para infectar a las células humanas. Los investigadores hallaron también anticuerpos que tenían como blanco a los llamados receptores acoplados a las proteínas G (conocidos por las siglas GPCR), que poseen funciones relacionadas con la inflamación y la coagulación, entre otras.

Los casos moderados y graves mostraron los mayores niveles de autoanticuerpos, mientras que el suero de la sangre de personas sanas y con cuadros leves registró niveles considerablemente más bajos.

El potencial terapéutico

Los autoanticuerpos contra 11 moléculas aparecieron como los más significativos para definir la gravedad de los casos. Dos de ellos, conocidos con las siglas anti-CXCR3 y anti-AT1R, por ejemplo, se detectaron en pacientes que algunos días después de la extracción de la sangre para la realización del estudio requirieron oxígeno suplementario.

CXCR3, contra el cual se orienta el primero de ellos, es un receptor expresado en linfocitos T activados, y algunos de ellos son células inmunes de memoria. El receptor controla la migración de esos linfocitos hacia una zona con inflamación y ayuda en el combate contra la infección. A su vez, AT1R posee una función reguladora en el sistema circulatorio. El anticuerpo que actúa contra él aumenta los daños en el endotelio, la parte interna de los vasos sanguíneos.

Entre estos autoanticuerpos que tienen una mayor relación con la gravedad de los casos, los investigadores llaman la atención al respecto de la presencia del anticuerpo contra el receptor conocido como STAB1. Con su función de “basurero”, el STAB1 elimina los restos de células y otros desechos de daños ocasionados a los tejidos. “No sabemos todavía la función de este receptor en el COVID-19. No obstante, dado que posee diversas funciones relacionadas con la homeostasis [el equilibrio] tisular y la solución de la inflamación, creemos que puede ser relevante para indicar la gravedad de la enfermedad”, dice Marques.

Aparte de aportar más evidencias acerca de cómo puede evolucionar el COVID-19 hacia una enfermedad autoinmune sistémica, los investigadores apuntan caminos hacia el diseño de terapias capaces de bloquear la acción de estos autoanticuerpos. Han testeado medicamentos inhibidores de la ACE2 y de la AT1R, por ejemplo, en casos graves de COVID-19. Pero aún no han tenido éxito. Este trabajo cuenta también entre los autores brasileños con Paula Paccielli Freire, quien realiza un posdoctorado en el ICB-USP con beca de la FAPESP; aparte de Desirée Rodrigues Plaça (20/11710-2), Gabriela Crispim Baiocchi (20/07972-1) y Dennyson Leandro Mathias de Fonseca (20/16246-2), todos con beca de doctorado directo de la Fundación.

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