lunes 16/5/22

Una marca urbana de ropa se sumerge en el diseño de mascarillas solidarias

La emprendedora María José García Yánez, líder de la firma Cozeekilla, ha congregado la creatividad de diversos artistas

Mascarillas de Cozeekilla
Mascarillas de Cozeekilla

La interrupción de la actividad durante el periodo de confinamiento nos ha forzado a optimizar nuestros recursos, buscando alternativas y nuevos caminos por transitar. Un aprendizaje que debemos rescatar de esta circunstancia es que las soluciones deben ser colectivas; ayudar a los demás es la mejor manera de ayudarnos a nosotros mismos.

Es el caso de la emprendedora María José García Yánez, quien ideó su propia marca de ropa Cozeekilla hace ya dos años gracias al apoyo del programa Autoempleo Incorpora. Hoy, sortea la crisis con la fabricación de mascarillas reutilizables, que distribuye, sobre todo, entre las personas que están en situación de vulnerabilidad. 

Alma es una nueva manera de hablar de lo social. Con actitud y optimismo. Desde la diversidad. 

María José García Yánez es una de esas emprendedoras que se llevan el mundo por delante. Con tan solo 24 años, ya lidera un pequeño equipo dedicado en cuerpo y alma a una marca de ropa, Cozeekilla, de estilo inconfundiblemente urbano en el que el hiphop ejerce una influencia tanto estética como ética: “El hiphop de los 90 y la cultura de la calle han tenido mucha influencia en mí. Los valores de la calle son la lealtad y la familia, y por eso considero que Cozeekilla es como una gran familia”.

Esta idea de comunidad se traslada también a los clientes, a los que María José considera como “miembros de la familia” y a quienes hay que tratar como tales. “Le damos mucha importancia a la personalización de cada prenda: añadimos los nombres o los motivos que nuestros clientes nos piden, especialmente cuando se trata de artistas, como  Rauw Alejandro o Sami Duque”.

Sin embargo, supo reaccionar de forma positiva. “El confinamiento te hace pensar un montón, las crisis te dan una oportunidad para reinventarte para salir adelante. Tuve muchas ideas pero al final decidí centrarme en hacer mascarillas de calidad que tuvieran diferentes tallas para que se adaptaran a hombres y mujeres”. Así, aprovechó la etapa de clausura para investigar qué tipo de telas estaban homologadas y resultaban más adecuadas; las encontró, eligió las mejores y más resistentes (las que se pueden lavar hasta 110 veces) y se puso manos a la obra en la confección de decenas de ellas. Además, han sido creadas con el máximo mimo y cuentan con un diseño ergonómico para que estas prendas, que tanto vamos a utilizar de ahora en adelante, resulten cómodas para todo el mundo.

Viendo el gran sufrimiento que estaba generando la pandemia, María José decidió comprometerse con los que más lo necesitan y donar una buena parte de su producción de mascarillas. Contactó con el Banco Obrero de Alimentos de Santander, donde recientemente ha distribuido 40. “Cuando aparecí con ellas se pusieron muy contentos, les gustaron muchísimo y me han pedido más. Pensé en todas esas personas que no tienen apenas nada y en que podía ayudarlas para que, por lo menos, tuvieran mascarillas para cubrirse”, dice con una sonrisa. 

Debido al gran éxito de acogida, ahora su objetivo es donar el 60 % de su producción. Y con el 40 % restante, quiere relanzar su línea de ropa. “Siento que vuelvo a empezar de nuevo”, dice, ilusionada. 

Una marca urbana de ropa se sumerge en el diseño de mascarillas solidarias
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