viernes. 30.09.2022

Adama Cisse, empleado municipal de la limpieza en París, descubrió en primera persona en septiembre de 2018 cómo una sola imagen difundida a través de las redes sociales puede arruinar la vida de cualquiera, o al menos, acarrear un despido. El joven, inmigrante maliense de 37 años, fue fotografiado mientras dormía en la calle durante su jornada laboral, sin saber que aquella siesta se haría viral después de que una ciudadana ofendida la compartiese en Twitter.

"Esta tarde a las 17:40 horas en la calle Jean Lantier 75001 de París... Para esto sirven los impuestos locales de los parisinos, para pagar las cabezadas de los agentes de limpieza, ya sabemos por qué París está así de asquerosa", rezaba la publicación.

Cuando el tuit trascendió, la empresa de limpieza contratada por el Ayuntamiento de París en la que trabajaba Adama no dudó en despedir al empleado, que se ha defendido asegurando que se recostó “un momento para descansar" porque “el trabajo es muy duro”.

En una entrevista con la corresponsal de TVE en París Almudena Ariza, Adama ha explicado que la foto de Twitter "le rompió el corazón". "¿Por qué esa mujer no me preguntó qué me pasaba antes de publicar la foto? Me hizo mucho daño", se pregunta ahora. Adama asegura que la foto captó un momento en el que se había recostado durante su pausa reglamentaria ya que le dolía mucho el tobillo. “Voy detrás del camión de basura subiendo y bajando. Es muy duro”, dice sollozando el hombre.

Los hechos ocurrieron hace más de un año, pero es ahora cuando su caso se ha dado a conocer al llegar a los juzgados, al Tribunal Laboral de Créteil. Adama ha denunciado a la empresa al considerar que el despido es improcedente. Su abogado ha invocado el "derecho a la imagen", asegurando que una foto colgada en esta red social no puede ser una "prueba aceptable" para achacar la falta grave que, supuestamente, cometió su cliente.

Su historia no ha pasado desapercibida en Twitter, la misma red donde se colgó la foto de que acabo su despido. Son muchos los usuarios que han criticado la doble vara de medir que se utiliza en estos casos, tratando mucho más duramente a empleados que trabajan de cara al público, en la hostelería, con el trato que reciben quienes tienen puestos de responsabilidad. Muchos tuiteros han compartido imágenes de diputados franceses que no se resistieron la tentación de echarse una cabezada en su horario laboral. "¿Por qué no despedimos a los políticos?", se preguntan algunos de ellos.

Después de tanto sufrimiento, Adama cuenta que ya tiene una oferta de trabajo como barrendero. La sentencia del juicio se conocerá el 19 de junio.

Efecto Twitter: un empleado parisino pierde su trabajo por una foto
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