sábado 04.04.2020

#NoSonBuenasNoticias: Fallece la periodista Alicia Gómez Montano

Alicia Gómez Montano. Imagen: El País
Alicia Gómez Montano. Imagen: El País

El de Alicia Gómez Montano es uno de los nombres con más cuerpo para la televisión española y con más alma para quienes han tenido la suerte de coincidir con ella durante su largo transitar por el ente público. Por eso, el adiós es difícil en dos dimensiones, porque implica despedirse de una profesional que dignificó el oficio de periodista durante más de cuarenta años y de una compañera que contagiaba su energía como quien acaba de poner el pie por primera vez en una redacción. Era, como recuerdan sus compañeros, "adicta al trabajo y a la vida".

Doctora en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid, Gómez Montano se inició en el Periodismo dentro del terreno radiofónico. Tras una breve andadura en Radio Madrid, llegó en 1980 a Radio Nacional de España, su puerta de entrada a la radiotelevisión pública, el medio en el que permaneció 40 años sin perder el entusiasmo.

Inteligente, creativa, ingeniosa, decidida, innovadora, comprometida… Una periodista todoterreno que despuntó en todos los ámbitos y que muy pronto decidió centrarse en el que más logros le permitiría cosechar: el de la televisión.

Después de su etapa en RNE, que concluyó en 1982, Gómez Montano se convirtió en directora de informativos del Centro Territorial de Televisión Española en Navarra y permaneció en ese cargo hasta 1988, cuando regresó a Madrid para asumir la jefatura de la sección de Nacional en los telediarios.

Durante ese período de contacto permanente con la información de última hora, siguió muy de cerca la actualidad relacionada con el terrorismo en España, sin saber que tiempo después realizaría en 'Informe Semanal' un reportaje memorable sobre el alto el fuego definitivo de ETA.

Desde 2004, dirigió ese mítico programa informativo de TVE y también lo presentó durante varios meses, pero lo más importante para ella –maestra del reportaje- era haber trabajado a pie de calle y alumbrado desde ahí tantas crónicas audiovisuales.

'Guerra y paz en la favela olímpica', sobre la pacificación de las favelas en Brasil, o el 'El laboratorio islandés', sobre el renacer de Islandia cinco años después del colapso financiero, son solo algunos de los reportajes que llevan su sello y firma.

También en 2004 entró a formar parte del primer Consejo de Informativos de TVE y el mismo año fue nombrada subdirectora de los Servicios Informativos. Poco después llegó a la dirección de Informe Semanal, que más adelante compaginó con la Programas no diarios de TVE hasta 2012. Y de ahí se incorporó al programa ‘En Portada’.

Su dilatado currículum demuestra algo que también resume con acierto sus compañeros: dentro de RTVE, Gómez Montano fue “jefa de casi todo”. Lo fue, además, con una humildad que solo se le puede atribuir a los grandes. Y ”solo es grande en la vida el que sabe ser pequeño”, ya lo dijo el poeta José Ángel Buesa.

La madrileña también era una apasionada del cine y tuvo la oportunidad de coincidir durante su etapa en Pamplona –en la década de los ochenta- con Pedro Almodóvar, un entrevistado habitual para ella que, entre pregunta y pregunta, se convirtió en amigo.

Gómez Montano fue testigo de cómo al cineasta manchego “le salían canas, de cómo se las quitaba y de cómo se las volvía a dejar”, relató en una crónica de 2009, y ese vínculo que mantuvo con el artista le valió para poder entrevistar a su madre, una propuesta que partió del propio director y que entonces la dejó “perpleja”.

“Solo somos contadores de historias. Ahí está la grandeza del oficio. Ese es mi objetivo y mi empeño”, escribió en 2010.

El mismo empeño le llevó también a entrevistar a personalidades tan destacadas como Hilary Clinton, José Alberto Mujica o Felipe VI.

Nunca sorprendieron los incontables galardones que ha recibido Gómez Montano a lo largo de su vida, desde la medalla de Plata en el Festival de Cine de Nueva York, por el reportaje ’La vuelta de los voluntarios de la libertad’ (1997), hasta el Premio a la mejor directora de programas concedido por la Academia de las artes del cine y de la Televisión (2011).

En julio de 2018, la periodista presentó su candidatura al concurso público para elegir al presidente de RTVE y fue la mejor valorada. El comité de expertos encargado de evaluar las candidaturas, que seleccionó a 20 aspirantes entre más de un centenar, le otorgó a ella la mayor puntuación.

Al igual que sus ideas sobre el futuro de la televisión pública, forman parte de su valioso legado algunos libros como ‘Por una mirada ética’ o ‘La manipulación en televisión’.

El título de este último libro tiene mucho que ver con su defensa de la independencia informativa y el pluralismo.

Esa no fue la única causa que defendió desde dentro Gómez Montano, haciendo gala de una responsabilidad inconmensurable con una profesión que, en su caso, fue también una forma de vida.

Cuando en 2018 asumió el cargo de editora de Igualdad, empezó a trabajar en algo que sentía más como una obligación que como una convicción: “La Televisión Pública debería velar por la igualdad de género por ley”.

Como editora de Igualdad también ha apostado por multitud de contenidos con perspectiva feminista y ha utilizado cualquier altavoz –desde Twitter al plató de televisión- para defender los derechos y libertades de las mujeres.

Le habría encantado, dijo, que cada vez que entrase a la redacción pudiera leer un cartel que pusiera en grande “lugar libre de discriminación”.

Ese inveterado compromiso con la igualdad efectiva entre hombres y mujeres la llevó a unirse al movimiento 'Mujeres RTVE' y a poner el foco en el Periodismo como arma para combatir la violencia machista. Así, también elaboró en primera persona reportajes divulgativos como los dedicados al uso correcto del lenguaje a la hora de abordar la violencia de género.

Uno de los últimos proyectos en los que se dejó la piel fue el de ‘1000 mujeres asesinadas’, que relata la vida de cada una de las víctimas de esa lacra desde que hay registro. Ese trabajo recibió, entre otros, el premio del Ministerio de la Presidencia, Relaciones con las Cortes e Igualdad, un galardón que Gómez Montano quiso dedicar “a quienes no forman parte de las estadísticas y fueron asesinadas por el hecho de ser mujer”.

Porque así era Alicia, más allá de lo profesional. Una persona de mirada amplia que siempre veía más allá de lo que tocaba ver.

Cada vez que recogía un premio regalaba a los presentes, sin pretenderlo, una lección de periodismo como las que dicen haberse llevado quienes fueron sus alumnos a lo largo de otra intensa andadura de la que bien podría haber presumido, la de docente.

Sus enseñanzas recalaron en aulas de incontables centros educativos y de universidades como la Complutense, la Rey Juan Carlos, la Carlos III o la Camilo José Cela.

También formó a varias generaciones de redactores de Televisión Española que cursaron el máster en periodismo televisivo de la casa, en el que ella impartió clases desde el inicio.

Quizá por ese vínculo con los ‘aprendices’ o quizá por ser alguien que nunca quiso dejar de aprender, Gómez Montano siempre tendía la mano a los más jóvenes, a los recién llegados. Depositaba en ellos una confianza similar a la que podían recibir quienes llevaban décadas trabajando en la ‘cosa periodística’.

Eso es, en definitiva, lo que Alicia Gómez Montano hizo: mejorar una profesión que siempre será inmanente a su nombre.

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