jueves. 25.07.2024

Sira hace todos los días el mismo recorrido de casi una hora entre ir y volver. En pleno estado de alarma, sale a la calle para ir a buscar el menú con el que debe alimentar a sus hijos desde hace casi 50 días. La suya es una de las familias que entran en el sistema de la Comunidad de Madrid para garantizar el servicio de comedor tras el cierre de los centros escolares y que ha basado en rescindir los contratos y firmar un acuerdo con Telepizza, Rodilla y Viena Capellanes. Hoy ha tocado pizza de jamón, ensalada y Coca-Cola. "Es incomprensible que estén alimentando así a nuestros hijos", dice Sira. Sus palabras son respaldadas por varios nutricionistas, que ponen el foco en los riesgos de consumir este tipo de comida de manera sostenida, según informa Eldiario.es

La polémica estalló cuando el Gobierno de Isabel Díaz Ayuso anunció la medida: los menores de familias que tienen un precio reducido en los comedores por ser beneficiarias de la Renta Mínima de Inserción (RMI) pasarían a cubrir la comida principal del día a base de cadenas de comida rápida. Pero este miércoles ha repuntado tras las quejas de la oposición y las palabras de la presidenta defendiendo los menús: "Juraría que a la mayoría le encantan" y darle una pizza a un niño "no creo que sea un problema", aseguró.

Desde el 17 de marzo, recoge eldiario.es, estas familias, las más vulnerables de la región, acuden de lunes a viernes en la franja horaria de 12.00 a 15.00 al local que les corresponda. Dan el DNI y el nombre de su hijo o hija y recogen los productos. En el caso de Telepizza son pizzas, hamburguesas, ensaladas o bolitas de pollo rebozadas. Rodilla ofrece sandwiches, bocadillos, ensaladas y piezas de fruta. Está pensado para 11.500 menores, pero, según datos de la CAM, la media de menús diaria es de 4.000 entre Telepizza y Rodilla y 650 de Viena Capellanes, que da cobertura a zonas en las que no hay locales de estas empresas.

Tras la polémica generada por las palabras de Ayuso, este jueves la Comunidad de Madrid ha planteado que la Escuela de Hostelería elabore menús para 1.000 familias vulnerables. Sin embargo, el ejecutivo regional va a mantener los menús de Telepizza y Rodilla.

A Sira, que cobra 510 euros de RMI con los que cría a sus tres hijos de 15, siete y dos años, no le queda más remedio que acudir todos los días. Vive en San Fermín, en el distrito de Usera, y al principio iba a un Telepizza que le quedaba más cerca de casa, pero cerró. Ahora tarda casi una hora en ir y volver. "Es todo grasa y mis hijos están engordando", lamenta. Al mismo tiempo, intenta "hacer malabares" para cocinar carne, pescado, legumbres y verdura la mayor parte de los días.

Su caso es paradigmático porque este tipo de familias, muchas monoparentales, apenas se pueden permitir proteínas ni llenar sus carros de la compra con todo lo necesario para una dieta saludable. En estos casos, el comedor escolar es la forma de cubrir todos los nutrientes. "Muchas veces la única comida completa y equilibrada", explica Sira, que por eso lamenta que la solución de la Comunidad de Madrid tras su cierre "sea algo tan poco saludable". "Me siento atacada con las palabras de Ayuso porque si pudiera darles una alimentación 100% equilibrada lo haría, pero hay que pagar el alquiler y las facturas", cuenta.

"Se está menoscabando la salud de los niños y niñas más necesitados. Es una vergüenza". Así de contundente se muestra Aurora Serrano, una mujer que ayuda a una de las familias que reciben el menú de Telepizza en el barrio madrileño de Villaverde. Se trata de un hombre y su hijo, que perciben unos 430 euros de Renta Mínima de Inserción (RMI). Antes de la crisis del coronavirus él se dedicaba "a buscarse la vida como chatarrero", pero "ahora están pasando hambre". "Le daba yo a sus señorías esto todos los días para comer", se muestra indignada la mujer, que ayuda con las tareas escolares al menor y con la compra de alimentos para el hogar.

"No solo queremos que los niños coman, sino que coman bien": las críticas a los menús...