martes 14.07.2020

El hotelero barcelonés que estuvo confinado en su hotel junto a su familia para atender a un huésped

Joaquín Ausejo Asiáin junto a la directora del Alma Barcelona, Elisabeth Coloma. La Vanguardia
Joaquín Ausejo Asiáin junto a la directora del Alma Barcelona, Elisabeth Coloma. La Vanguardia

Que el cliente es lo primero se ha podido comprobar estos dos últimos dos meses y medio de confinamiento obligado por el coronavirus en el hotel Alma Barcelona. Joaquín Ausejo Asiáin, director general del Alma Hotels, se ha recluido con su familia (esposa y dos hijas pequeñas, de uno y cuatro años) en este selecto establecimiento del Eixample, principalmente para atender a un huésped permanente.

Según La Vanguardia, la estancia sobrevenida del ejecutivo, hijo del fundador de la compañía hotelera familiar, le ha servido además para preparar a conciencia el regreso a la actividad, que se produce hoy mismo. Será distinta a la previa a la pandemia, según un estricto protocolo de seguridad sanitaria. Pero, en cualquier caso, supondrá, según explica él mismo con optimismo, “hacer que la rueda vuelva a girar y contribuir a la reactivación de la ciudad, a la que nos debemos”.

La experiencia del Alma durante este ya largo confinamiento ha sido un tanto singular. “Cerramos el 13 de marzo– cuenta Ausejo–, pero un cliente reside en nuestro hotel desde hace tres años y aunque no sabíamos muy bien cómo hacerlo, teníamos claro que debíamos seguir alojándolo del mejor modo posible”. Como prácticamente todos los hoteles, este también tuvo que cerrar y aplicar un ERTE por fuerza mayor a sus empleados. Aun así, pudo mantener esta actividad personalizada, excepcional.

Para ello, además de él, se mudaron al establecimiento la directora, un cocinero y una camarera de piso, que estas semanas han sido, junto al huésped, moradores de este imponente edificio de la calle Mallorca junto al paseo de Gràcia. Durante unos días, este hotel de cinco estrellas gran lujo también albergó a una familia que tuvo que acudir a Barcelona para que operasen a un hijo, un caso de emergencia al que pudo dar respuesta. “Es que –enfatiza– los hoteles no estamos preparados para cerrar con llave y candado...”

El establecimiento del Eixample es de los primeros de la ciudad en reabrir; su fabuloso jardín es el gran reclamo

La Vanguardia asegura que, todo este tiempo el Alma se ha mantenido activo. “Hemos hecho vida de familia y disfrutado mucho –continúa Ausejo–; el jardín es maravilloso, también el ático, para tomar un arroz los domingos... La verdad es que ha sido muy bonito”. Además, esta reclusión obligada por la pandemia le ha servido a este directivo para pensar bien cómo debe ser el funcionamiento del hotel durante la desescalada, que ya en la fase 1 en la que se encuentra Barcelona permite algunos servicios. “Somos de los primeros hoteles de la ciudad en reabrir y lo vamos a hacer con muchas ganas”, destaca.

El fabuloso jardín es el reclamo de este regreso. Sus mesas y sillas rodeadas de vegetación, más valiosas que nunca, no podían desaprovecharse. El bar funciona desde hoy por las tardes y el restaurante los mediodías y las noches, siempre con reserva. Ya está completo para esta semana y la que viene. “Hay un gran deseo en la ciudad de salir a comer o a cenar y ahí queremos estar”, asegura. Los clientes podrán alojarse aunque las zonas comunes del edificio permanecen cerradas.

La reapertura del Alma va a permitir reincorporar a dieciséis empleados que han estado en ERTE, un paso que el director general de la compañía valora especialmente. “Nuestra industria, la turística, está muy denostada desde hace tiempo, dicen que aporta poco valor añadido”, lamenta, muy crítico con según qué afirmaciones genéricas. Y aunque admite que hay que repensar y mejorar muchas cosas, quiere reivindicar al personal del sector. “Son grandes profesionales –afirma–, saben idiomas, conocen al viajero y a sus distintas culturas...” Y ahora, recuerda, “sufren una situación muy difícil, están en el paro”. Para este hotelero, la reactivación se tiene que producirse cuanto antes. Deben llegar visitantes. “Una ciudad como Barcelona –advierte– no es nada si no está conectada con el mundo”.

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