domingo 20/9/20

Tres investigadores españoles destaparon el escándalo de la hidroxicloroquina

El doctor Carlos Chaccour. CLINICA NAVARRA
El doctor Carlos Chaccour. CLINICA NAVARRA

En cuanto la revista médica The Lancet publicó el estudio que cuestionaba el uso de hidroxicloroquina (HCQ) contra la Covid el 22 de mayo por la tarde, el investigador Carlos Chaccour del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) vio que algo no cuadraba. 

Y mientras la Organización Mundial de la Salud (OMS) paralizaba un gran ensayo clínico con HCQ y hospitales de todo el mundo reconsideraban el uso del fármaco en pacientes con Covid, Chaccour y sus colegas Joe Brew y Alberto García-Basteiro, también de ISGlobal, revisaban los datos del estudio, llegando a la conclusión de que no eran fiables y elaboraban una estrategia para desenmascarar el engaño. 

Su trabajo, junto al de investigadores de otros países que también advirtieron fallos en la publicación, ha llevado a The Lancet a retractar el estudio en lo que ya se conoce en Twitter como el #LancetGate. También la revista The New England Journal of Medicine, igualmente prestigiosa, ha tenido que retirar otro estudio de los mismos autores y con el mismo tipo de errores flagrantes. 

La HCQ, que se había convertido en el fármaco más polémico de la pandemia después de que Donald Trump lo defendiera y hasta dijera que lo tomaba, vuelve a ser vista como un producto potencialmente útil contra la Covid. La OMS ha reanudado su ensayo clínico, que debe aclarar en las próximas semanas si el tratamiento es seguro y eficaz. Los primeros resultados del estudio Recovery liderado por la Universidad de Oxford, presentados el viernes, apuntan a que no es eficaz.

“Han sido unos días locos. A medida que revisábamos los datos, más surrealista parecía todo”, explica Chaccour, que también es investigador del Instituto de Salud Tropical de la Universidad de Navarra.

“No se puede sacrificar el rigor en nombre de la urgencia”, advierte García-Basteiro

“Estamos satisfechos de que la energía que hemos dedicado a esta cuestión haya servido de algo. Pero sobre todo estamos preocupados de que algo así haya podido ocurrir. Hay aspectos del funcionamiento de la ciencia que deberían corregirse”, añade García-Basteiro.

Aquella tarde del viernes 22 de mayo, lo primero que llamó la atención de Chaccour fue que el estudio de The Lancet se basaba en datos de Surgisphere, una pequeña empresa de Chicago que aseguraba tener información de 96.032 pacientes de 671 hospitales de todo el mundo. El estudio, que tenía como primer autor al cardiólogo Mandeep Mehra, de la Escuela de Medicina de Harvard (EE.UU.), alertaba de que los pacientes con Covid tratados con HCQ tenían más riesgo de morir, lo que se atribuía a los efectos secundarios del fármaco sobre el corazón. 

Chaccour, que es especialista en malaria y se define como “un friki de la ivermectina”, ha estado recopilando desde el inicio de la epidemia todos los datos sobre este otro fármaco en pacientes con Covid. Le sorprendió un trabajo publicado el 6 de abril basado en datos de Surgisphere que aseguraba haber identificado a 52 pacientes tratados con ivermectina en todo el mundo hasta el 1 de marzo, lo cual era extraño porque antes de esa fecha este fármaco apenas se había empezado a utilizar contra la Covid. Aún más extraño: tres de los pacientes eran de hospitales de África, cuando solo había dos casos diagnosticados en el continente hasta el 1 de marzo. Y algo que a Chaccour le pareció increíble: la empresa Surgisphere se dedica supuestamente al análisis de datos procedentes de hospitales con sistemas de registro electrónico de la información de los pacientes, pero en África casi ningún hospital tiene esta capacidad.

De manera que, cuando salió el estudio de The Lancet sobre la HCQ, Chaccour ya estaba sobre la pista de Surgisphere. Trabajando con el analista de datos Joe Drew, encontró rápidamente resultados extraños también en este nuevo estudio. No cuadraban los datos de África ni los de Australia.

Se dieron cuenta entonces de que otro estudio basado en datos de Surgisphere había aparecido unos días antes en The New England Journal of Medicine, en este caso evaluando el efecto de fármacos contra la hipertensión en pacientes con Covid. 

El uso de datos falsos en un influyente estudio ya se conoce como el #LancetGate

Ahí no cuadraban los datos de Turquía. ¿Y cómo era posible que tuvieran datos de 1.790 pacientes de siete hospitales de España hasta el 15 de marzo si, en ese momento, la suma de los siete hospitales españoles con más pacientes no llegaba a esa cifra? 

Joe Brew entró por curiosidad en la web de Surgisphere. Resultó ser una página no segura, algo incomprensible en una empresa que maneja datos confidenciales de decenas de miles de pacientes. “Tuve la impresión de estar en la playa y ver venir una ola gigante a cámara lenta”, explica Chaccour. “Lo que veíamos venir era muy grave”.

El martes 26 de mayo escribieron una carta a The Lancet alertando del problema. El miércoles llamaron a un editor de la revista para preguntar qué pensaba hacer. Recibieron una respuesta unas horas más tarde: la revista había preguntado a los autores del estudio sobre las inconsistencias que habían detectado. El equipo de ISGlobal alertó también a los editores de The New England Journal of Medicine.

Mientras tanto, otros investigadores que también habían encontrado fallos en el estudio de la hidroxicloroquina estaban haciendo circular una carta de denuncia, que firmaron 140 personas y que dieron a conocer el jueves 28, según la publicación de La Vanguardia.

El diario británico The Guardian dedicó tres periodistas de Washington, Londres y Melbourne a investigar la cuestión. La corresponsal de Melbourne contactó con siete de los mayores hospitales de Australia, en los que supuestamente se basaban los datos de los 600 pacientes australianos del estudio. En ninguno de ellos sabían qué era Surgisphere. Nunca habían oído hablar de la empresa. Los siete negaron haber participado en el estudio.

El martes 2 de junio, tanto The Lancet como The New England Journal of Medicine publicaban avisos alertando de que los estudios estaban siendo revisados. Dos días más tarde, los autores de ambos estudios solicitaban que las publicaciones científicas retiraran los trabajos. “No podemos certificar la veracidad de los datos”, reconocieron en la carta enviada a The Lancet.

Estos estudios han sido enormemente perjudiciales, advierten los investigadores de ISGlobal, instituto impulsado por la Fundació La Caixa. La ivermectina se está utilizando para el tratamiento de la Covid en pacientes de Perú y Bolivia en base a datos que, según todos los indicios, son falsos. En el caso de la hidroxicloroquina, se ha cuestionado la eficacia y la seguridad del fármaco en base a datos igualmente cuestionables. 

“En situación de emergencia sanitaria, es urgente acelerar la diseminación de datos que pueden ser valiosos para salvar vidas”, sostiene Chaccour. Esto ha llevado a numerosas revistas científicas a publicar resultados con más rapidez de lo habitual, informa La Vanguardia.

“Pero no se puede sacrificar el rigor de la investigación en nombre de la urgencia”, advierte García-Basteiro. “Es mejor esperar a tener resultados consistentes que precipitarnos con investigaciones que no se han realizado ni revisado correctamente. Esta es seguramente la lección más importante de este episodio”.

Comentarios