martes. 04.10.2022

Anna Traveset: “El gato es depredador, ha llevado especies a la extinción"

La científica del CSIC en el IMEDEA-CSIC-UIB es una de los investigadores más influyentes del mundo en el área de Ecología y Medio Ambiente

Anna Traveset lidera el laboratorio de Ecología Terrestre en el Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (IMEDEA-CSIC-UIB). / IMEDEA
Anna Traveset lidera el laboratorio de Ecología Terrestre en el Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (IMEDEA-CSIC-UIB). / IMEDEA

A la ecóloga Anna Traveset Vilaginés siempre le han interesado las interacciones entre especies. Se decidió definitivamente por esta rama al tener como profesor al célebre ecólogo Ramón Margalef cuando estudiaba Biología en la Universidad de Barcelona. Margalef le transmitió su pasión por entender la naturaleza. Ahora, la investigadora lidera el laboratorio de Ecología Terrestre en el Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (IMEDEA-CSIC-UIB), en Mallorca. Su investigación sobre la ecología de las islas es pionera en el mundo y figura entre los investigadores más influyentes a nivel global en el área de Ecología y Medio Ambiente. A Traveset le fascina la inmensa diversidad de organismos que existen, las interacciones que hay entre ellos y su vulnerabilidad ante las múltiples amenazas de la actividad humana. Y recuerda el impacto que le produjo un artículo publicado por Paul J. Crutzen y Eugene F. Stoermer, en el año 2000, en el que definían el término Antropoceno, la nueva era geológica posterior al Holoceno, en la que la huella humana determina el funcionamiento de la Tierra. Desde aquel momento, y a lo largo de su carrera, ha presenciado las evidencias que se acumulan sobre el daño que el ser humano le hace al planeta, no solo cambiando su clima, sino deforestando, alterando todos los hábitats y llevando a la extinción a diversas especies. Es por eso que invierte gran parte de su tiempo en divulgar la importancia de la biodiversidad y en transferir conocimiento a gestores ambientales, especialmente en temas de polinización.

Pregunta: Antes que nada, enhorabuena por su nuevo proyecto del European Research Council (ERC) para los próximos cinco años. ¿En qué consiste?

Respuesta: Gracias. El proyecto se llama Island Life y trata de responder a la pregunta de cómo de vulnerables son las islas, especialmente las pequeñas y poco perturbadas, ante el efecto del cambio global. Vamos a comparar la biodiversidad entre islas prístinas o poco perturbadas e islas habitadas dentro del mismo archipiélago. Para ello usaremos una aproximación de redes complejas, concretamente las redes multicapa, estudiando simultáneamente distintas funciones ecológicas. Cada función será una capa. Es importante tener en cuenta que entendemos como biodiversidad no solamente el número de especies, sino también la multitud de interacciones entre ellas. En el proyecto vamos a comparar cinco archipiélagos del mundo, dos en el trópico, dos en la zona templada y uno en el ártico.

P: ¿Cuál es el objetivo del proyecto?

R: Ver si hay patrones consistentes en el efecto del cambio global, que sería la transformación del hábitat debido a las actividades humanas. Concretamente, en las islas el problema principal es la invasión de especies. En muchas islas habitadas se han introducido especies de plantas y animales, como cabras, conejos o roedores, que no están presentes en islas no habitadas y si llegan hasta allí podrían llevar al colapso del frágil ecosistema. El objetivo es ver cómo de vulnerables son ante estas invasiones, algo que sabremos mediante observación, experimentación y modelización.

P: ¿Por qué las islas tienen ecosistemas más frágiles que el continente? 

R: Porque hay menor biodiversidad. Son ecosistemas mucho más simples, con menos especies y menos interacciones entre ellas. Eso las hace más vulnerables ante la pérdida de biodiversidad porque hay menos especies haciendo cada función ecológica. Además, tienen un nivel de amortiguamiento de las amenazas mucho más bajo que en el continente. Las redes tróficas en las islas son más simples, entre otras cuestiones porque los top predators, que son las especies que ocupan los más altos eslabones de la cadena trófica, son escasos o simplemente inexistentes en la mayoría de ellas. 

P: ¿Qué consecuencias tiene que las islas tengan unas redes tróficas más simples?
R:
 Las especies insulares han evolucionado sin esos enemigos naturales, al menos sin muchos de ellos. Por eso, si introducimos un carnívoro como el gato, una especie depredadora muy importante que ha llevado a la extinción a muchas especies en islas de todo el mundo, sus presas no tendrán defensas al no haber evolucionado con depredadores y su probabilidad de desaparecer será alta. Esto no pasaría en el continente, o sería menos probable. El 61% de todas las extinciones de especies están documentadas en las islas. Uno de los casos más conocidos es el dodo, una especie de ave endémica de Isla Mauricio, pero hay muchísimas más, especialmente de aves y de reptiles.

P: El científico sueco Johan Rockström decía que el momento en el que comprendió la gravedad de la crisis de biodiversidad fue cuando leyó en el periódico que unos científicos del Reino Unido habían ido a Suecia a robar por la noche cientos de reinas de abejorro de pelo corto, unos polinizadores clave para los cultivos en toda Europa que se habían extinguido en la década de 1990 en el país. Como gran experta en polinizadores, si nos centramos en estos animales, ¿cuán grave es esta crisis?

R: Una de las muchas crisis que tenemos en el planeta es la crisis de la biodiversidad en general.  Los polinizadores, en concreto, son muy importantes para los humanos porque polinizan un 75% de los cultivos que consumimos. Estamos viendo que la riqueza y la abundancia de las especies de polinizadores está bajando muchísimo. En algunas zonas ha desaparecido el 50% de las especies y en otras incluso llega al 80%. Esto supone, actualmente, un grave problema al que hay que poner freno, pues no parece viable polinizar todos los cultivos a mano o tratando de imitar a las abejas de alguna manera. 

P: ¿Qué problemas les estamos ocasionando?

R: Existen muchas evidencias de que el uso de pesticidas y herbicidas es muy perjudicial para ellos, pero aún así siguen usándose en muchos países, incluido España. Son numerosos los estudios que evidencian que productos químicos como el glifosato, que es muy dañino, están afectando a la fisiología y al metabolismo de los polinizadores y alteran el comportamiento de forrajeo de los insectos. Es una batalla difícil porque la industria química mueve muchísimo dinero, pero hay que encontrar maneras, que las hay, de mantener a los herbívoros a raya en nuestros cultivos, y hacerlo de forma natural. Esto se suma a la pérdida de hábitat o a otra práctica muy perjudicial: desbrozar durante la época de floración. Al hacer esto le quitamos a los polinizadores los recursos alimenticios que necesitan. Esta práctica se está llevando a cabo incluso en algunos parques nacionales, es muy grave y tiene que acabar. Lo estamos viendo aquí en Mallorca y ya nos hemos quejado, sin embargo todos los cambios van lentos, demasiado lentos. 

P: ¿Por qué es preocupante que disminuyan las cifras de insectos y polinizadores?

R: La crisis en la que nos encontramos abarca a todos los animales polinizadores, que en su mayoría son insectos pero también pueden ser aves y, en algunas zonas como las islas, reptiles, que también son importantes. Entre los insectos, las abejas son las más destacadas, especialmente por sus características morfológicas. Aparte de polinizar los cultivos, juegan un papel crucial a la hora de mantener la diversidad de los bosques y los ecosistemas en general porque polinizan la flora silvestre. Casi el 90% de las plantas silvestres dependen de los insectos para su polinización, si desaparecen no pueden producir semillas y no se pueden renovar los hábitats naturales. El problema de los cultivos es importante, pero no hay que olvidar la diversidad terrestre, la naturaleza que nos rodea, que todavía lo es más, ya que sostiene nuestra propia vida. 

P: Ahora que se está alertando de que la crisis energética puede llevar a una crisis alimentaria. ¿Puede afectar también la reducción de polinizadores a una posible escasez de alimentos?

R: Hay muchas especies que alimentan a los humanos y que dependen de estos insectos para ser polinizadas. Otras como las gramíneas (por ejemplo el trigo o el maíz) son polinizadas por el viento. Pero no queremos monocultivos ¿no? Si queremos cierto bienestar y comer fruta, tomar un café o comer chocolate debemos conservar a los polinizadores de los que dependen estas especies. Sin polinizadores no tendríamos estos alimentos. 

P: Hay regiones donde están desapareciendo los polinizadores, ¿qué pasa en esos casos?

R: En algunos sitios de China, por ejemplo, polinizan a mano las flores con un pincel. En internet se pueden encontrar fácilmente vídeos que muestran la labor que han de realizar los humanos -subidos a los árboles, polinizando las flores de cerezos, manzanos, etc.- para poder colectar luego los frutos. No sé cuántas horas les puede tomar, pero seguro que muchísimas. Para otros cultivos, se usan avionetas para repartir el polen. El problema es que antes hay que recogerlo y es un trabajo ingente. Es absurdo y nada eficiente reemplazar lo que de forma gratuita hacen los insectos polinizadores. Por eso, la polinización se considera un servicio ecosistémico muy importante que la naturaleza nos está proporcionando y que, si no lo cuidamos, estaremos obligados a hacer nosotros, algo que es totalmente inviable en muchos casos. 

P: Respecto a la destrucción del hábitat, ¿en qué medida esto está relacionado con el monocultivo intensivo? 

R: En zonas donde hay monocultivo intensivo se transforma el uso del suelo. Lo que antes era un bosque o un matorral, se transforma totalmente y cambian los sitios en  los que nidifican estas especies o se reducen drásticamente. Cuando destruimos su hábitat hacemos que se queden sin espacio para anidar y también les quitamos estos recursos para alimentarse. Los monocultivos son fatales para mantener una buena diversidad de polinizadores.

P: Hay lugares donde se practica la agricultura intensiva en los que pasan camiones con abejas de un campo a otro para intentar suplir esta falta de polinizadores. ¿La apicultura intensiva puede ser la solución?

R: Esto se hace solo con la abeja de la miel o con ciertos abejorros. Al acabar con los polinizadores nativos se intenta criar muchas abejas de este tipo y trasladarlas de unos sitios a otros. Pero depender de una o unas pocas especies de polinizadores tiene un riesgo muy grande, si llega un parásito o un patógeno puede hacer desaparecer la especie. No hay que olvidar que la diversidad es un amortiguador para cualquier perturbación.

P: Cuando se escucha hablar de polinizadores a menudo se piensa solo en la abeja de la miel. 

R: Cierto, pero la abeja de la miel es solo una de las más de 20.000 especies de abejas que hay en el mundo. Es nuestra abeja domesticada, es como nuestra vaca. ¿Queremos mantener la vaca? Sí, pero también queremos contar con muchos otros mamíferos. Pues cuantas más especies de abejas mantengamos, mejor; todas tienen su función y son complementarias, las necesitamos a todas. Además, hay algunas flores que la abeja de la miel no poliniza porque, aunque las visite, no deposita el polen de la forma adecuada. Cada vez hay más estudios que analizan cuán factible es poner bandas de plantas nativas con flores para que los polinizadores puedan ir al campo a polinizar cultivos, además de disponer de otras especies. Se ha visto que esta estrategia aumenta mucho la cantidad y la calidad de los frutos.

P: Otro problema para los polinizadores es el de las especies invasoras, como la avispa asiática. ¿Se puede combatir?

R: La avispa asiática es un problema para la abeja de la miel, en algunas zonas más que en otras. Va a las colonias de abejas directamente a cazarlas cuando entran o salen. También puede afectar a otras abejas solitarias, pero es más difícil. Para combatir el problema de las especies invasoras lo más importante es la prevención, especialmente si se trata de ecosistemas vulnerables como las islas. Actualmente, las invasiones biológicas son uno de los principales motores de cambio global. Los humanos desplazamos especies de un sitio a otro del mundo continuamente, y las seguiremos moviendo. Estamos en la era del Antropoceno y tenemos que adaptarnos. Lo importante es evitar las amenazas de las especies nuevas que son perjudiciales para la biota nativa que ha estado en un lugar durante miles de años. Puede que algunas especies invasoras se introduzcan en un ecosistema y no lo cambien de forma notable, pero otras, como puede ser el eucalipto, sí lo hagan en gran medida. Por eso se les llaman ingenieros del ecosistema, lo pueden modificar totalmente. 

P: ¿Cómo afecta el movimiento de especies a la aparición y propagación de parásitos como la Varroa, el ácaro que afecta a la abeja de la miel?

R: La Varroa destructor es una más de las especies que trasladamos los humanos. Al transportar cajas de abejas de un emplazamiento a otro se mueve también este parásito asociado, viajan junto a sus enemigos naturales. Es lo mismo que ha sucedido con el SARS-CoV-2. Como el planeta está muy conectado, las probabilidades de una pandemia debido al contagio por un virus o una bacteria son mucho mayores, ya que los humanos se mueven muy rápido y de manera frecuente por el planeta. Esto sucede con la Varroa destructor, pero también con muchos otros parásitos y con las especies invasoras. No llegan solas, sino que lo hacen con otras plantas de viveros, con sus parásitos endógenos dentro, fauna asociada a sus raíces que llegan a un nuevo hábitat y crecen en un nuevo suelo. En algunos casos no tienen éxito, sin embargo en otros se encuentran de maravilla. 

P: ¿Qué es lo que determina el éxito o el fracaso de estas especies en el nuevo ecosistema?

R: En algunos casos ocurre porque no se enfrentan a los enemigos naturales que tenían en su hábitat original y, por tanto, les resulta más fácil prosperar. Pero es complejo y cada caso es distinto. Algunas especies invasoras juegan, incluso, un papel positivo en el hábitat al que llegan, sustituyendo a especies nativas que han desaparecido. Por tanto, no hay que considerar a todas las especies invasoras como malas. Un ejemplo muy ilustrativo es la isla de Hawái, donde se introdujeron especies invasoras de todo tipo y eso llevó a la extinción de prácticamente el 100% de las especies de aves. Ahora, son, sobre todo, las especies que han llegado de fuera de la isla las que polinizan las plantas. Es decir, cuando te enfrentas a la gestión de los ecosistemas, no puedes eliminar todas las especies invasoras solo por el hecho de serlo porque te quedarías sin funciones necesarias en algunas ocasiones. Se necesita mucho conocimiento y estudiar bien caso por caso. 

P: ¿Cómo afecta el calentamiento global a las especies polinizadoras?

R: Esta crisis se suma a la de las especies invasoras, la de los polinizadores… Están todas muy relacionadas. Al aumentar la temperatura del planeta, esas especies que trasladamos los seres humanos se adaptan mejor a sitios en los que habría sido imposible con temperaturas más bajas. Por ejemplo, hay especies de peces tropicales que se establecen cada vez con menos problemas en el Mediterráneo. Lo mismo sucede con las plantas tropicales que entran a través de viveros. O el caso de la Paysandisia archon, una mariposa que ha llegado a Mallorca desde Uruguay y el norte de Argentina y está produciendo problemas graves a una especie emblemática de Mallorca, el garballó, que es la única palmera autóctona europea. En la Serra de Tramuntana, el garballó es una especie ingeniera del ecosistema y tiene una función muy importante al mantener a otras especies que se alimentan de ella o que se establecen debajo de ella, es lo que se llama especie facilitadora. Esta mariposa exótica, que está llevando a la muerte a estos palmitos, está encantada con el cambio climático porque prefiere temperaturas altas y ambientes húmedos. 

P: Si hacemos una buena gestión de los ecosistemas, ¿todavía estamos a tiempo de revertir el descenso de  las poblaciones de polinizadores? En el Reino Unido están plantando flores a lo largo de kilómetros para que pasen de unas zonas a otras y parece que funciona. 

R: Sí, ¡claro que se pueden hacer cosas! Desde hace algunos años, en Europa se están adoptando iniciativas para proteger a estos animales, que a pesar de ser pequeños son muy importantes. Afortunadamente, todavía hay bastante hábitat natural, pero tenemos que cambiar costumbres absurdas como lo de desbrozar en primavera, se podría hacer una vez pasada la floración perfectamente. Estamos a tiempo de evitar que se extingan más especies con prácticas como mantener franjas florales alrededor de cultivos. Hay que transmitir a muchos agricultores que las plantas con flores no son malas hierbas, sino todo lo contrario, pueden ser buenísimas hierbas porque atraen a los polinizadores al cultivo. Todavía hay esperanza, pero como llegamos bastante tarde tenemos que ponernos las pilas. Podemos hacer cosas de manera individual, pero, obviamente, también tenemos que pedir a los gobiernos que sean conscientes del problema y tomen las medidas necesarias para preservar la biodiversidad.

Anna Traveset: “El gato es depredador, ha llevado especies a la extinción"
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