domingo 25/7/21

Por estas razones enviar a los niños al rincón de pensar es malo para su educación

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Mandar a los niños castigados mirando a la pared es un concepto que ha evolucionado hasta convertirse en el famoso rincón de pensar, el problema reside en que esto “se basa en el castigo negativo, ya que se elimina un estímulo positivo, como la atención de los adultos o una situación social agradable para el menor como, por ejemplo, el juego. Este método se continúa utilizando en la actualidad, aunque es cierto, que hay otras técnicas más eficaces y que no suponen la exclusión de situaciones sociales o el aislamiento del entorno”, explica Montserrat Díaz Rosell, psicóloga y neuropsicóloga del Centro Integral San Lorenzo de El Escorial, en Madrid.

Hacer que el niño se vaya al rincón de pensar es algo que no se recomienda por ningún experto, ya que “se produce una modificación del comportamiento, pero no de los valores, por lo que es difícil que se produzca un aprendizaje interiorizado. Así, la respuesta que se pretende obtener del menor se aprende como forma de evitar el castigo. Otra de las grandes desventajas de esta técnica es que el niño es condicionado a través del miedo y puede surgir temor hacia la persona que aplica el castigo y percibir que no es apreciado”, añade Díaz.

El niño puede sufrir una perdida de autoestima y confianza en si mismo debido a que se le retira toda la atención que necesita. También hace que el niño sufra de resentimiento en ese momento y en los posteriores castigos debido a que los relaciona con algo muy negativo. Sin embargo, “en situaciones de tensión, lo más apropiado es que, tanto el adulto como el niño, se retiren unos minutos. A esto se le denomina tiempo fuera positivo, pero tiene diferencias importantes con el rincón de pensar, ya que se explica al niño que frente a una situación de nerviosismo y enfado es muy difícil encontrar una solución respetuosa, por lo que conviene tomarse un tiempo para relajarse y retomar el diálogo cuando se está de nuevo preparado. También, es importante dejar claro al pequeño que, a pesar de las diferencias, los nervios o el enfado, lo queremos por encima de todo y vamos a estar ahí”, añade la neuropediatra.

La zona a la que se envía a los niños como castigo debería ser “creada por los propios niños, con música y elementos relajantes y confortables que inviten a la tranquilidad y al sosiego. A diferencia de la silla de pensar, que es un lugar frío, hostil y angustioso, que incita a la culpabilidad y la venganza, la zona del tiempo fuera positivo debe ser agradable, tranquila, segura y respetuosa”, aclara la neuropediatra.

Por supuesto, el rincón de pensar es mucho “menos controvertida que pegarles, porque no implica un abuso físico o verbal. Sin embargo, el tiempo fuera negativo es un enfoque autoritario que entrena a los niños para comportarse según los deseos del resto. Los niños aprenden que solo merecen la compañía y cariño del resto cuando se comportan de manera calmada. Cuando su desarrollo y su forma de ser se ajustan a la normalidad, no hay problema, pero multitud de niños necesitan ayuda para aprender a calmarse, a tolerar su frustración o a resolver problemas”, afirma Alba Pérez Escalero, psicóloga sanitaria y neuropsicóloga en el Centro Logros de Majadahonda.

En una situación en la que los niños tienen hermanos es totalmente normal que uno de ellos tenga “peor genio que otro y las comparaciones son tan odiosas, como inevitables. Si uno es el que siempre está castigado y expulsado al rincón y el otro se queda siendo querido por mamá y papá porque se porta bien, aparecen celos, envidias, baja autoestima y sensaciones de autoexigencia o de tirar la toalla porque nunca será como su hermano. Ningún padre pretende esto, pero, a veces, los adultos lo alimentamos sin darnos cuenta”, sostiene Pérez.

Los niños no necesitan tener a unos padres perfectos, eso no existe, pero que sí sepan expresar y señalar lo que deben mejorar con respecto a sus conductas. “Un niño no cambia, si no lo hacen sus padres. Normalmente, los progenitores tienen muy claro qué conductas quieren erradicar en sus hijos, pero no son conscientes de lo que hacen ellos. Aquí suele empezar el cambio. Muchas veces, los adultos se derrumban cuando son conscientes de lo que está pasando y de las conexiones cerebrales que pueden estar estableciendo sus hijos con esos aprendizajes y asociaciones. Es curioso que, durante el confinamiento por la pandemia, los padres recurrieron a castigos como el del rincón de pensar para solventar situaciones complicadas de convivencia derivadas de tantas horas encerrados en casa y los problemas persistieron”, concluye la experta.

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