miércoles. 29.05.2024

Un informe de la ONU ha revelado que los restos de comida desperdiciados a nivel mundial podrían proporcionar casi dos comidas diarias a quienes sufren de hambre, lo que representa una paradoja dolorosa en un mundo donde millones de personas luchan contra la malnutrición. Esta situación no solo afecta a la disponibilidad de alimentos, sino que también tiene un impacto significativo en la economía global, con un costo aproximado de mil millones de euros.

El desperdicio de alimentos se distribuye de manera desigual en diferentes sectores y hogares. Según el estudio, aproximadamente el 12% de los desperdicios provienen de comercios, el 28% de restaurantes y el 60% de los hogares. Se identificaron ciertos grupos familiares que tienden a desperdiciar más alimentos, como las parejas con hijos pequeños y las parejas adultas sin hijos.

En términos ambientales, el desperdicio de alimentos contribuye significativamente a las emisiones de gases de efecto invernadero, representando casi un 10% de las emisiones globales, lo que lo convierte en un problema ambiental de gran magnitud. Sin embargo, se han implementado soluciones innovadoras, como la transformación de los restos de comida en abono en varios hoteles, lo que ayuda a reducir el impacto ambiental.

A pesar de estos desafíos, ha habido mejoras en la gestión del desperdicio de alimentos en España. Aunque el volumen de desperdicios aumentó inicialmente entre 2017 y 2020, se observó una mejora en 2022, con 193,300 toneladas menos desperdiciadas en comparación con el primer año de la pandemia. Además, cada individuo ha reducido su desperdicio de alimentos en un 10.3% en el último año.

A pesar de estos avances, solo 21 países han incluido la reducción de desechos en sus planes climáticos nacionales. Se necesita una acción coordinada en todos los niveles, desde los gobiernos y las empresas hasta los consumidores individuales, para abordar este desafío global. Políticas que fomenten la reducción del desperdicio de alimentos, la mejora de las prácticas de producción y distribución, así como la educación pública sobre el valor de los alimentos, son esenciales para abordar este problema de manera efectiva.

Cada día, se desperdician más de mil millones de comidas en todo el mundo