lunes 27/9/21

Una década sin Amy Winehouse

Hace 10 años que Amy Winehouse (Londres, 14 de septiembre de 1983- 23 de julio de 2011) desapareció de nuestras vidas y nos dejó preguntándonos por qué. Algunos lo atribuyen al club de los 27, pero la muerte de la cantante no fue una cosa del destino, sino más bien consecuencia de sus relaciones tóxicas.
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Una década sin Amy Winehouse

Amy fue reconocida a principios de siglo en un Londres repleto de jóvenes promesas. Aunque apenas tenía canciones propias firmó un contrato bastante generoso como autora junto a EMI Publishing, que permitió que pudiese emanciparse, y trasladarse a un piso propio. Como artista discográfica, escogió Island Records, sello que ha solido cuidar de sus músicos y que exigió en enero de 2008 que la artista se desintoxicase antes de ir a los Grammy, a pesar de que no se presentase Amy Winehouse ganó cinco premios.

Antes de estos acuerdos la artista formaba parte de 19 Management. Su representante era un leal admirador, Nick Shymansky, quien siempre puso su salud por encima de todo. Aunque en un principio no era consciente de que tendría que enfrentarse a la bulimia, la depresión, las drogas duras… Tras esto ser empeñó tanto en que la cantante había de comenzar un proceso de rehabilitación que ella decidió cambiar a otro manager, Raye Cosbert. Fue un error ya que para este último lo importante era hacer directos constantemente, sometiendo a Amy a giras que se encontraban por encima de sus capacidades físicas.

Fotos de una jovial Amy Winehouse, con 19 años, en Londres y Nueva York - Cultura Inquieta

Amy Winehouse con 19 años en Londres

Cosbert y el padre de la cantante, Mitch Winehouse, hicieron buenas migas ya que ambos adoraban los focos. Tanto es así que llegó a aterrizar con un equipo de televisión en la isla de Santa Lucía, donde su hija se había refuguado para dejar las drogas.

Si Mitch siguió en la vida de Amy fue porque ella le adoraba debido al trauma que le había supuesto su ausencia del hogar familiar. Más tarde llegó otro hombre que le haría la vida imosible, Blake Fielder-Civil, su marido. Un pijo que adoraba la vida peligorsa, la heroína y el crack, y que se encargó de meter a Amy en ‘estos placeres’. Fue encarcelado tras usar la fortuna de la cantante para intentar liberarse de las consecuencias que suponían sus caprichos, ante esto Amy pedía a sus fans que se solidarizaran con “mi Blake”.

Amy Winehouse

Amy y Blake

El problema a destacar fue que Amy y su gente no sabían dónde se metían. Su fama en Londres supuso un acoso constante de paparazzi y otro tipo de gente. La prensa basura cruzaba todo tipo de límites, hasta hay teorías de que pincharon su teléfono. Tampoco tuvieron ningún tipo de sensibilidad los humoristas e ilustres figuras de la televisión, veían a la cantante como un blanco fácil y hacían una y otra vez bromas sobre ella. Hasta hubo un momento en que parte del público acudía a los conciertos para ver el espectáculo de un desastre andante y no de una artista superdotada.

Amy Winehouse, la mujer inteligente que absorbía estilos como nadie: inmersa en el soul y en el jazz, con una creciente curiosidad por el hip-hop sin olvidar su querencia por el ska y el reggae jamaicanos. Y la artista tan flexible, que supo estar a gusto con productores como Mark Ronson o Salaam Remi, que también redondeaban sus canciones; Amy tenía una voz fresca, incomparable. Y murió como tantas otras del blues y el jazz, sola, tras una intoxicación alcohólica. Ni rastro de drogas, aseguró en su día el forense.