lunes. 04.03.2024

El Museo de la Evolución Humana de Burgos acoge la exposición Muerte en la arena. Gladiadores de Córdoba hasta el próximo otoño. En concreto, se trata de una muestra compuesta por 35 piezas procedentes del Museo Arqueológico de Córdoba, entre ellas, seis estelas funerarias de gladiadores, según ha informado el delegado de Turismo, Cultura y Deporte, Eduardo Lucena, quien ha añadido que esta iniciativa "supone una colaboración entre ambos museos, ya que ha estado organizada por la Junta de Castilla y León en colaboración con la Junta de Andalucía".

La exposición narra las características del oficio de los gladiadores, que llegó a ser el espectáculo público preferido en la época imperial romana. Las estelas pertenecen a la época altoimperial, de los siglos I y II y, a ellas, se unen otras piezas de ajuar funerario como cerámicas, cuentas de pasta vítrea de collar, ungüentarios y lucernas con escenas de gladiadores.

El núcleo de la exposición lo componen seis estelas y lápidas funerarias de otros tantos gladiadores pertenecientes a la colección del Museo Arqueológico de Córdoba. Estas estelas, de piedra caliza micrítica y mármol, contienen inscripciones que, como era habitual en época romana, cuentan el historial de los fallecidos. Todas ellas proceden de la necrópolis descubierta en la zona del Cortijo de Chinales, en Ciudad Jardín, entre los años 40 y 50 del siglo XX. Se trata de una de las áreas funerarias más extensas de la Córdoba romana, situada a lo largo de una de las salidas de la ciudad hacia Hispalis.

En Colonia Patricia, capital de la Bética, se ha recuperado cerca del ochenta por ciento de las inscripciones de gladiadores conocidas en Hispania. Asimismo, es la ciudad romana con más elementos de este tipo después de la propia Roma.

En otro apartado de la exposición se pueden observar vitrinas con ajuares funerarios de la misma necrópolis, u otras que proceden de los ritos funerarios, como es el caso de varias lucernas del siglo I d.C. 

Junto a ellas se exponen ungüentarios de cerámica, una urna funeraria de cerámica, una varilla de bronce, un amuleto fálico, un fragmento de una máscara de arcilla, un biberón de cerámica, y algunas cuentas de pasta vítrea, vasos, cuencos y tazas.

Todas estas piezas, fechadas en el siglo I, pertenecen a la colección del Museo Arqueológico de Córdoba, aunque la muestra, además, exhibe reproducciones del equipamiento de gladiadores, como escudos, cascos, puñales o grebas, cedidos por la Asociación Cultural Emérita Antigua.

Historia de un oficio popular

Todos estos elementos ayudarán a entender al visitante la profesión de gladiador, ya que el conocimiento que existe sobre sus vidas ha llegado a través de las fuentes escritas y por sus epitafios. De acuerdo con la legislación romana, esta profesión acarreaba el estigma de infamia pero, a la vez, fue adorada por la sociedad de su tiempo, que consideraba los juegos gladiatorios un modelo para enseñar virtudes tan apreciadas como el valor, la disciplina o la aceptación de la muerte.

La exposición contextualiza el nacimiento de este oficio desde su origen, en el siglo IV a.C., cuando se celebraban los combates para honrar la memoria de un fallecido, hasta que se convirtieron en el espectáculo público preferido en la época imperial. Los gladiadores eran, en muchos casos, personajes populares y famosos que despertaban pasiones en todas las capas de la población romana. Tal era su importancia, que personajes destacados dedicaban gran cantidad de dinero a financiar estas luchas, de forma que acabaron convirtiéndose en una plataforma de promoción política y en una poderosa arma de control social.

El origen de los gladiadores era muy variado. Podían ser esclavos, prisioneros de guerra, criminales condenados ad ludum o incluso hombres libres que elegían la profesión voluntariamente.

Normalmente vivían en el ludus, la escuela donde se entrenaban y formaban, dirigido por un lanista que, normalmente, era también propietario. Esos espacios proporcionaban seguridad, soporte social y atención médica. Algunos combatientes vivían en estas instituciones con sus propias familias mientras combatían en los anfiteatros, edificios que fueron diseñados específicamente para acoger espectáculos violentos. Los juegos los organizaba el editor, bien con dinero público o con su propio capital, para su promoción social y política. Los combates estaban regulados por árbitros, summa rudis y secunda rudis, que vestían toga blanca y llevaban una vara para detener el combate cuando lo consideraban necesario.

Los comisarios de la exposición son la directora del Museo Arqueológico de Córdoba, María Dolores Baena, y el director científico del Museo de la Evolución Humana, Juan Luis Arsuaga.

El Arqueológico protagoniza una muestra en el Museo de la Evolución Humana de Burgos