jueves. 18.04.2024

Corre el año 1876 y Emmanuel de Montcuit, cabeza de una próspera familia de ascendencia francesa, se establece en Córdoba. Llega pisando fuerte y exhibe su amistad con el futuro rey Eduardo VII. Un hombre, escribe el autor, cuya “pasión por la buena vida, que sufragaba con los casi inagotables fondos de su familia, propietaria de ricos viñedos en el valle del Loira, le había convertido en alguien cuyos caprichos, siempre que se pudieran comprar, se transformaban en realidad. Su paso por Córdoba fue mucho menos efímero de lo que en un primer momento pudo suponer”.

No duda el francés en codearse con la alta sociedad de la época, a quienes deslumbra con su nueva mansión, sus costumbres afrancesadas y sus celebraciones y fiestas de oropel, como la presentación en sociedad del primer hijo varón, todo un acontecimiento en la capital cordobesa, donde los Alvear o el conde de Torres Cabrera pugnan por hacerse un hueco a la vera de los recién llegados. El negocio elegido para hacer fortuna será el vino, las Bodegas el Gallo. Y ahí, en sus tinajas, en sus colores, estará la verdad. La vida se va desarrollando sin sobresaltos, los hijos crecen, se ennovian, se marchan fuera de España, como Édouard, destinado a ocuparse del negocio familiar en el Valle del Loira y que contará a su hermano pequeño Alphonse mil y un secretos a través de sus cartas.

Y junto a ellos, el matrimonio formado por María (“...regalaba sonrisas por todos los rincones de la casa. Parecía vivir un sueño al tiempo que comprendía que ése no era su lugar”) y Pepe (“Tenía dos grandes aficiones: el vino fino y los naipes; ambos le traerían más problemas que sonrisas en su vida, pero les fue fiel hasta el final”), empleados de la que se conoce en la ciudad como la Casa del francés, construyen su propio núcleo familiar, reflejando la dinámica de una ciudad de provincias en la Córdoba de finales del siglo XIX, una ciudad que crece a su ritmo, que gasta su tempo y que terminará por entrelazar los destinos de unos y otros, el linaje con la sangre del matrimonio que trabaja de sol a sol, que escuche y calla.

El norte de África, las trincheras de la Primera Guerra Mundial, las calles de Montilla, Poitiers y Córdoba son escenarios donde la vida de ambas familias se va a cruzar. Tensiones familiares, amistad, hermandad, vida de barrio y relaciones sociales generarán situaciones de supervivencia y acomodadas, todas impregnadas con la esencia de la vida: amor, dolor, subsistencia, engaño y muerte. Una historia mágica y realista en una Córdoba extraordinaria, que narra las vivencias de hombres y mujeres que luchan, sufren, aman y se rebelan contra su propio destino en busca de un lugar mejor para vivir.

Antonio J. Ceballos (Montilla, Córdoba, 1970) es licenciado en Historia Contemporánea y diplomado en Estudios Avanzados en la misma especialidad. A su vez, es diplomado en Traducción e Interpretación, profesor de francés en educación secundaria, y de Historia y de Relaciones Internacionales en la Universidad.

Ha enseñado en programas de intercambio con la Virginia Commonwealth University, Colorado Mesa University y varias universidades de California, entre las que destacan Berkeley, San Diego o Santa Bárbara (de las que fue responsable académico en sus programas de intercambio en Córdoba durante siete años).

Aunque esta es su primera incursión en el mundo de la novela, ha colaborado en varias obras colectivas en el terreno histórico, como autor (Papeles y Metralla. Testimonios documentales de la Guerra civil española, Universidad de Córdoba) y como asesor histórico (20 questions and answer on Black Europe, Stephen Small, Amrit Publishers).

Almuzara publica la obra La casa del francés de Antonio J. Ceballos