jueves 1/10/20

Carpas para recibir clase en emergencias climáticas, la nueva propuesta de Unicef

Carpa propuesta por Unicef
Carpa propuesta por Unicef

Unicef presenta este viernes, Día Internacional de la Educación, una nueva generación de carpas multiuso que ampliarán las posibilidades de la ayuda humanitaria que presta a los niños afectados por conflictos y desastres naturales. Uno de sus usos principales será albergar aulas para que los pequeños no vean interrumpida su educación.

Según las estimaciones de Unicef, actualmente 262 millones de niños y adolescentes siguen fuera de la escuela y el 58% de los estudiantes de primaria y secundaria a nivel global no logra alcanzar los estándares mínimos de aprendizaje. De esta cifra, el 54% se encuentran en países del África Subsahariana.

Así, la organización proinfancia explica en una nota que estas nuevas carpas de alto rendimiento son el resultado de un proceso de creación conjunta con aliados de la industria, que ha durado dos años. Su finalidad es proporcionar un espacio seguro a los niños que huyen de conflictos o desastres naturales, por lo que se podrán utilizar no sólo como escuelas, sino también como clínicas, centros de alimentación terapéutica, puntos de distribución de ayuda humanitaria y espacios amigos de la infancia.

Entre 2013 y 2018, Unicef adquirió unas 4.650 carpas multiuso que costaron unos 6,6 millones de dólares (casi 6 millones de euros) de media al año y sirvieron para ayudar a millones de niños afectados por emergencias.

“Las carpas humanitarias actuales han prestado un buen servicio durante muchos años, pero el cambio climático global y los nuevos contextos de emergencia exigen mejoras”, explicó Etleva Kadilli, directora de la División de Suministros de Unicef en Copenhague.

“Nos hemos encontrado muchas dificultades cuando las carpas han estado sometidas a condiciones climáticas extremas, como fuertes vientos o lluvias muy intensas, o cuando hay un pobre ambiente interior, ya que hace mucho frío o mucho calor”, agregó.

“Teniendo en cuenta estas dificultades buscamos una solución en el mercado, pero no la encontramos. Por eso le explicamos a nuestros aliados en la industria lo que necesitábamos e iniciamos un proceso de investigación y desarrollo”, añadió Kadilli.

Unicef transmitió a sus aliados un perfil del producto deseado, que incluía más de 1.000 requisitos como la resistencia a climas extremos, una mejor temperatura ambiental interna, acceso a energía eléctrica, más espacio disponible y facilidad de transporte e instalación.

Los fabricantes comenzaron a desarrollar prototipos y probarlos en laboratorios como el túnel de viento de Julio Verne en Francia, donde se simularon vientos huracanados y temperaturas bajo cero para comprobar la resistencia, el rendimiento térmico y las tasas de ventilación.

Posteriormente, Unicef y los fabricantes llevaron estos prototipos a terreno, para probar cómo responderían en contextos de emergencia en diferentes climas: Uganda para entornos de calor y sequedad, Filipinas para entornos húmedos, y Afganistán para condiciones de frío.

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