sábado 19/6/21

Con 69 años, una mujer emprendedora asturiana quiere ganar el premio más prestigioso de innovación

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Carmen Hijosa es la creadora de un tejido sostenible como alternativa al cuero, está nominada al European Inventor Award de la Oficina Europea de Patentes.

Con tan solo 19 años, cambió su vida radicalmente, dejando Salas (Asturias) para irse a Irlanda. La creadora del tejido alternativo al cuero hecho con hojas de piña, asegura que sus pasos siempre han estado guiados por "un fuerte instinto". 

Tras 25 años invertidos en su último proyecto, ha sido nominada por la Oficina Europea de Patentes para participar en el European Inventor Award 2021, siendo uno de los premios más prestigiosos en el campo de la innovación.

"Estoy orgullosa y espero ganar" dice desde  Dublín, mientras que anima al voto popular en  la web habilitada hasta el 17 de junio. Tras comprobar el impacto que tenía el cuero a nivel social y ambiental, decidió romper moldes, se muestra como una empresaria energética y numerosos proyectos entre sus manos.

Aunque cuenta con varios galardones por  el compromiso que tiene con la sostenibilidad, todavía recuerda emocionada todo el trabajo y esfuerzo que ha dedicado. "Cuando llegué a Irlanda, limpiaba hospitales y cuidaba niños por la mañana. Iba a la escuela, trabajaba en un restaurante y estudiaba por la noche". Recuerda como fundó con su pareja y apenas 30 libras, su primera empresa de artículos de cuero, llegando a vender las mejores marcas de lujo de todo el mundo.

Empresaria autodidacta en el mercado de lujo.

"Éramos autodidactas, pero el diseño siempre fue mi fuerte. A finales de los 70 solo había artículos con dibujos celtas y nosotros empezamos a hacer bolsos, cinturones y billeteras completamente diferentes. En ese momento yo era una emprendedora de moda en el segmento del lujo, pero después cambié completamente".  

Ese cambio explica porque su éxito le llevó a la consultoría y a realizar trabajos para la Unión Europea y el Banco Mundial, lo que le hizo "ir a sitios donde necesitan ayuda de verdad", entre ellos, Bolivia, donde ayudando a cermistas y artesanos textiles fue consciente de la precariedad de los trabajadoras, los cuales no tenían ni herramientas ni un edificio donde trabajar, "Mi responsabilidad era que esta gente tuviera los recursos y los instrumentos necesarios para ir paso a paso. Allí tuve conciencia de que para diseñar hay que pensar en la gente, en la economía circular, en la cadena de suministro y en el proceso de desarrollo de un producto”.

Tras este viaje, se marchó a Filipinas en 1963 para analizar la industria del cuero, lo cual cambió su vida para siempre. "Cuando llegué quería saber con quién iba a trabajar, qué recursos tenía el país, cómo era el tejido empresarial… Así que fui a las curtiderías y sufrí un choque extraordinario. ¡Era un auténtico desastre ecológico y social! Mi instinto me dijo que eso no era viable para la humanidad”."

De la consultoría a diseñar un tejido sostenible.

Gracias a este suceso, Carmen comenzó a apostar por las materias primas y las fibras naturales. Tras años investigando, comenzó la Universidad con 40 años, para estudiar la industria textil, graduada con honores. “Vi un gran potencial en respetar las fibras y las tradiciones pero ir un paso más allá gracias a la innovación. Para mí, el diseño es descubrir cómo conectar a la gente, la ecología y la economía. En la comunión de todas estas cosas es cuando podemos hacer algo que tenga integridad para el mundo”, cuenta sobre su proceso para desarrollar un producto y el origen de su marca 'Piñatex'. 

Considera haber tenido buena vista para el futuro y aconseja se flexible  y abrir la mente a la hora de ser emprendedor.  “Me di cuenta de que la fibra de la hoja de la piña tiene unas calidades extraordinarias. Es muy fina, pero es fuerte, es flexible y tiene buena tensión. Cuando imaginé hacer un cuero con ellas, como si fuera la piel de un animal, tuve claro que eso era lo que tenía que hacer con mi vida”.

Tras mucho esfuerzo, rechazos y un doctorado en el Royal College of Art ans Desing de Londres, comenzó con su pequeño trocito del tejido fabricado con piña en prototipos comerciales e industriales, indicando que a la gente hay que enseñarle el producto final.

Emprendedora mayor de 60.

Viendo que la idea ya se había convertido en realidad, decidió convertirla en negocio, por lo que decidió patentar el material que había creado y producirlo. "Con esta propiedad intelectual busqué capital para sacar adelante mi startup. Formé mi empresa en 2016 y pude fabricar mi primer rollo de 300 metros. Fue una maravilla, porque vi que si podía hacer eso, podría fabricar 300.000”.

“Estaba claro que había una gran oportunidad. Así que ahí fuimos otra vez, aunque es verdad que ya tengo un poco de experiencia".  Cuenta que la empresa vende a marcas tan reconocidas como Hugo Boss, H&M o Paul Smith. 

Su compañía, Ananas-Anam, extrae las fibras de piña y elabora parte del tejido en Filipinas y finaliza en España, desde donde se realiza la exportación. 

“Estaba claro que había una gran oportunidad. Así que ahí fuimos otra vez, aunque es verdad que ya tengo un poco de experiencia".

Derribando barreras.

Carmen, orgullosa por su nominación, reivindica el espacio de la mujer en el mundo científico. "“En esta edición, de los 22 finalistas en cinco categorías, solamente somos tres mujeres. Esto tiene que cambiar”.

Tras haber pasado tantas barreras, asegura que “Las barreras internas son las más importantes y las más difíciles. Ahora soy mayor y no tengo ningún problema, pero he sentido muchas veces que no era suficientemente buena. Vas a reuniones en las que solo hay hombres, y ves que no te toman en serio porque eres mujer, porque soy pequeña, y porque no grito al hablar. Pero aun así digo las cosas muy claras. Tenemos que tomar conciencia de que realmente tenemos que estar allí”.

A los 69 años, con una larga experiencia, proyectos patentes y planes de una fundación en Espala, dice que “Cuando la gente me pregunta si me retiro, pienso: “Qué tontería, este es mi tiempo”. Bueno, es verdad que me canso más y no puedo trabajar hasta las doce de la noche. Pero es que, ¡no quiero hacerlo!. La experiencia también te enseña que hay que saber cuidarte y encontrar tiempo, de calidad, para pensar”.

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