lunes 8/3/21

Un restaurante sevillano que iba a cerrar por el Covid reabre para ayudar a los más necesitados

Jaime Rodríguez de Moya es el propietario del Charlatán, un restaurante que abre entre semana con un fin solidario. Con todas las restricciones por el coronavirus, su dueño está al borde del cierre.

El Charlatán de Sevilla
El Charlatán de Sevilla

La crisis del coronavirus ha afectado a muchos establecimientos hosteleros a lo largo del país y sobre todo, en Andalucía con las medidas restrictivas de horarios y capacidad de aforo. Este es el caso de un restaurante de Sevilla llamado el Charlatán. Este restaurante de la ciudad sevillana iba a cerrar sus puertas debido a esta crisis que azota a la hostelería pero, ha decidido seguir abierto de lunes a jueves para darle comida gratuita a 15 personas elegidas por hermandades de la ciudad, en lo que ha sido un bonito gesto de solidaridad.

El restaurante ubicado en el céntrico barrio del Arenal, ha comenzado con esta iniciativa que lleva en acción desde el pasado lunes 16 de noviembre, según ha explicado Jaime Rodríguez de Moya, el dueño del Charlatán. Las primeras personas con dificultades económicas que acudieron al restaurante solidario fueron acompañados por La Redención, hermandad en la que Jesús, el hermano de Jaime, es diputado de Caridad.

Este martes, los afortunados en acudir a este restaurante solidario han sido acompañados por la cofradía de Los Estudiantes, la cual ha llevado a otras quince personas. Hoy miércoles será el turno de El Baratillo y mañana día jueves será el turno de la llegada programada por la Quinta Angustia, de modo que cada hermandad colaborará con el restaurante solidario, el mismo día en el que salen en procesión en Semana Santa.

“La acogida ha sido espectacular y ya tengo solicitudes para meses, aunque ojalá no sea así. Significaría que hemos podido abrir de nuevo”, explicó Jaime Rodríguez de Moya, que hace una semana veía como su  establecimiento estaba abocado al cierre tras superar a duras penas la crisis de la primera ola pandémica. “Estábamos en un momento dulce, llevábamos cuatro años y estábamos creciendo. La primera ola supuso el cierre total. Abrimos septiembre y hemos defendido puestos de trabajo y números, pero las últimas restricciones hacen imposible el rendimiento de cualquier negocio de hostelería”, ha lamentado.

Con la segunda ola de contagios y el cierre de los locales establecido a las seis de la tarde Jaime comprobó que las cuentas no serían suficientes para mantener las pérdidas de esta segunda crisis pandémica y convocó una reunión de urgencia con los cuatro trabajadores del Charlatán que permanecían en nómina, uno de ellos en ERTE y después de verse obligado a despedir a los cuatro con menos antigüedad.

“Íbamos a cerrar todos los mediodías entre semana, pero no me gustan los negocios cerrados y no me gustaba lo que iba a comunicar. Parado en un semáforo pensé que, para tenerlo cerrado, lo cerraba pero para dar de comer a gente que lo necesita”, finalizó mostrando la solidaridad que caracteriza a este restaurante sevillano.

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